lunes, 25 de enero de 2021

#domingodehistorieta La caja

#domingodehistorieta La caja Viene el momento mágico. Mamá le dejó a mano ´´la caja´´. Cuando aprendió a leer, accedió al micro mundo de cartón, lleno de historietas. Las frases hirientes de la semana se desvanecen en la primera hoja de dibujos y viñetas. ´´¡No se junten con el gordo chancho harapiento!´´, se pierde en el olvido. Patoruzú no es lindo. Ni siquiera se viste bien. Pero es fuerte, bueno, poderoso. Y su hermano, obeso, como él mismo, es querido y respetado. Y si lo agreden, se defiende con un contundente panzazo. Se mete en cada cuadradito, ingresando a un portal que le abre el triunfo del bien y la justicia, algo que no conoce en el patio de la escuela, ni en las calles que circundan su humilde casa. Imagina al poderoso indio aleccionando a sus torturadores. Donándole plata a su madre, para que pueda salir del barrio sumergido en la pobreza. De las carencias que le hacen llenar la panza de su hijo a puro pan, arroz y fideos, que los traga para tapar un vacío más allá del hambre. El espacio enorme y silencioso del padre ausente, evaporado entre recuerdos violentos. Las manos enrojecidas de la vieja, a veces sangrantes, de limpiar mugre ajena. Las dádivas de ropa vieja y raída que le queda chica por su panza desbordada de bronca y frustración, drenando las penas masticando el sabroso veneno que lo transforma en ´´el gordo´´, que le roba la identidad de su nombre, y el derecho a ser integrado sin burlas crueles entre sus pares. Pero los patrones le regalaron a la vieja ´´la caja´´, y nota que ese apetito lleno de angustia se satisface mejor con las historias heroicas de Patoruzú, que con los bollos de pan con manteca tragados compulsivamente. No sabe que ha iniciado un camino hacia una pasión que no tendrá forma de frenarse. Que hará lo posible por conseguir más historietas, y como no podrá comprarlas, él mismo irá adquiriendo habilidades para dibujar y escribir. Que sin darse cuenta calmará así el hambre enfermiza que el indio aplacó en primera instancia. No sospecha que llegará a la adolescencia con un talento forjado en la tozudez del que carece de recursos y se los inventa, y que, aunque se seguirá sintiendo inconscientemente siempre un gordo, será un pibe esbelto y luchador que triunfará con un don que él tomará con la naturalidad inocente con que Patoruzú enfrentaba a los malvados, y los redimía, incluso. Pero ahora, ´´el gordo´´ lo ignora. Se limita a degustar los tesoros de la caja, y a dejar abiertas las puertas por donde años después logrará hacer entrar el exorcismo de las penas, y la sanación de sus heridas con el arte…

viernes, 22 de enero de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA- UNA GRANJA DE GUSANOS

EDGARD, EL COLECCIONISTA UNA GRANJA DE GUSANOS Entré a mi oficina para archivar unos documentos, y disponer de mi día libre. El sonido del teléfono me hizo intuir que la jornada no tendría la tranquilidad que esperaba. La llamada era de un colega del pueblo vecino, Horacio, quien me pedía que me acercara urgente a la comisaría, donde estaba arrestado. Sin demorarme en preguntas, le dije que iba para allá. Desistí de la oferta de Tristán, mi ayudante, para acompañarme y conducir el coche. Que al menos él tuviera un día pacífico. Al llegar, me recibió un comisario al que conocía, por haberlo visto al asistir en uno de los casos de Contreras. -El detenido no ha querido pedir un abogado, Edgard. Dice que usted intercederá por él, y que nos explicará que nada malo hay en su contra. -¿De qué se lo acusa, exactamente? -Es algo complicado. En primera instancia, de disponer en forma indebida de los cuerpos que se confió como funerario para cumplimentar el protocolo pertinente. ´´De contaminar el medio ambiente almacenando clandestinamente material cadavérico, y enterrarlo ilegalmente. ´´En realidad, Edgard, creo que su amigo necesita urgentemente ayuda psiquiátrica. Cumplimos en permitirle llamar a alguien. ´´El tema es que recibimos quejas de los vecinos, que decían que en el galpón contiguo a la funeraria de Horacio había un olor nauseabundo, y que el hombre negaba o rechazaba los comentarios. ´´Tuvimos que interceder. Nos atendió muy bien, diciéndonos que la gente no entendía que los tiempos habían cambiado, que era momento de reciclar, de aprovechar todos los recursos. Que él lo había comprendido con Estela. -Estela era su esposa. Falleció de cáncer hace un año. -Nos lo comentó. El punto es que cuando ingresamos al lugar, el olor casi nos hace desmayar. ´´Con una sonrisa muy feliz nos dio la bienvenida a ´su granja´. En el galpón había innumerables barriles, y abrió uno para mostrarnos su contenido. ´´Varios nos tuvimos que alejar para vomitar. Estaban ocupados con restos humanos putrefactos que hervían, literalmente de gusanos gordos y repulsivos. ´´Para mi absoluta sorpresa, Horacio, me dijo alegremente: -Llegaron justo para el momento de recolección: ahora es cuando se retiran las larvas, en su tamaño adecuado para su consumo, y se puede desechar el material de cultivo en el campo trasero, fertilizando la tierra para hacerla más potente. -¿Qué hace con los bichos? -Los consumo. Son una fuente riquísima de proteínas. Un alimento excelente. ¡Y le cuento que son riquísimos! El comentario generó una vomitona general, lo que disgustó a Horacio, pero no le quitó el entusiasmo en seguir con su exposición. -Veo que hay muchos prejuicios a respecto. Los prejuicios son hijos de la ignorancia. Miren la pulcritud con que se almacenan los productos, y juzguen por sí mismos. ´´Entonces nos mostró un sector del galpón con muchísimos congeladores, donde había cientas de bandejitas con esos horripilantes gusanos envasados como emparedados, con film transparente. Hasta tenían etiquetas con fecha de elaboración y vencimiento. -¿Vieron caballeros? Todo en regla, listo para registrar mi producto y comercializarlo. ´´El proceso de elaboración no es más ni menos impresionante que lo que se puede observar en un matadero. Pero aquí no hay crueldad. No se mortifica a ningún animal con hacinamiento o dolor. Y el producto final obtenido, es de alto valor alimenticio. Se indignó cuando lo llevamos. Por favor, Edgard, hable con él, y convénzalo de buscar un abogado, y la ayuda médica que requiere. Me llevaron a la sala donde me esperaba Horacio. -¡Hola, querido amigo! He venido lo antes posible. -¡Gracias, Edgard! ¿Te comentaron el motivo de mi detención? ¡Es increíble! -No lo sé, Horacio. No es legal lo que estás haciendo. Dispones en forma indebida de los cuerpos que te confiaron para velar, y entregar para su entierro... -¡Pené que tú me entenderías! ¿Recuerdas lo que siempre decía Estela, acerca de que la muerte no era un impedimento para prolongar la vida de los que quedaban? -Por supuesto. Pero ella, mi querido amigo, se refería a la donación de órganos. Fue una gran mujer, y concientizó a mucha gente a respecto. Su fallecimiento fue un golpe terrible para todos los que la apreciábamos. -Lo sé. Me apoyaste mucho en ese momento tan oscuro. Pero al fallecer de cáncer, no se pudieron donar sus órganos. No pudo concretar su deseo de brindar otra oportunidad al prójimo. ´´Me quedé con un sentimiento de culpa, de deuda con ella. Así que me puse a estudiar todas las posibilidades, teniendo en cuenta el proceso que sigue a la muerte. Me adentré en el tema de la entomología, y descubrí larvas comestibles, ricas en nutrientes, y experimenté mucho, logrando infectar los cuerpos con esa especie, para brindar un beneficio a la humanidad, como Estela hubiera deseado. ´´Mira, Edgard: tengo la última carta de ella, con su mensaje de amor, no solo hacia mí, sino para la humanidad entera. Tenla tú. Posiblemente te sirva para hacer entender mi causa, y viralizar su benévolo mensaje. -Gracias, amigo. La guardaré como a un tesoro. Pero, por lo pronto, urge sacarte de esta situación. ´´Está muy claro que la muerte de tu esposa te afectó demasiado, y en este momento, debes reflexionar con la ayuda de un especialista sobre el tema. Debes confiar en mí, y permitirme buscarte un abogado, y un médico. ´´Comprendo tus buenos propósitos, pero vas por un camino equivocado. Ten fe. Pronto encontrarás la senda correcta. No te dejaré solo. Horacio me miró con profunda decepción. Pero vi una pequeña luz de entendimiento en sus ojos tristes y confundidos. Nos despedimos con un abrazo, y me ocupé de que recibiera la atención indicada, y que no se divulgara la espantosa historia de la granja de gusanos. Me encargué de administrar su funeraria, para que tuviera ingresos durante su tratamiento. Y de que cada cuerpo siguiera su camino normal. Nada de novedosos reciclajes. A la carta de Estela, la hice llegar a los medios de comunicación, para concientizar sobre la importancia de donar órganos. Luego, formó parte de mi colección. El papel brilla en la oscuridad, y sus letras parecen escritas con oro fundido. Supongo que es la bondad y los nobles deseos que emiten la energía de quien la escribió. Los saludo, amigos, recomendándoles no buscar formas extremas de reciclaje, al menos con cadáveres, y los espero en La Morgue, para compartirle mis historias y mi colección.

jueves, 14 de enero de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA- LA LADRONA DE TRISTEZA

EDGARD, EL COLECCIONISTA LA LADRONA DE TRISTEZA Aproveché las mansas horas de la madrugada para comentarle a mi amada Aurora un tema que me afligía. Los dos últimos velatorios que había oficiado, terminaron con una descompostura horrible de los asistentes. No solo les dolía muchísimo la cabeza y el estómago, sino que se sentían extrañamente confundidos y melancólicos, con una desdicha inexplicable. Lo primero que pensamos, con Tristán, mi asistente, fue en alguna intoxicación. Desechamos pronto la teoría: nosotros mismos consumimos todas las bebidas y alimentos ofrecidos durante las despedidas, y no tuvimos ninguno de los síntomas. Tampoco era viable pensar en una fuga de gas, cuyo sistema revisamos de todos modos. -Tengo una idea sobre lo que está ocurriendo. Puedo estar equivocada, pero no lo creo. Lo más seguro es que Lucrecia haya estado en tu funeraria. -¿Quién es Lucrecia? -Una hechicera. O bruja. O como quieras llamar a alguien que posee ´´el don´´. -Pues no me parece, Aurora. De haber alguien con esas características, Tristán o yo le hubiéramos detectado. -Mi querido Edgard: ustedes poseen el poder sobre las fuerzas del aire y del fuego, que capta las energías espirituales. Yo lo tengo en menor grado. Pero dispongo más desarrollados, los de la tierra y el agua, que cuidamos en el culto de la Pacha Mama. Esta mujer los tiene, y los usa para el mal, de pura vanidad. ´´Hay entidades diferenciadas, arraigadas al plano terrenal, que algunas personas con el espíritu enfermo convocan para pedir poderes. ´´A uno de estos entes acudió Lucrecia alguna vez, solicitando longevidad y belleza. ´´El ser que invocó se las otorgó. Lo que ella necesita para disponer de ellas, es alimentarse con energía de tristeza, odio o miedo. ´´La descubrí cuando tiempo atrás incendiaron el paraje donde vivo. ´´Se acercó entre los voluntarios con la excusa de ayudarnos, pero capté qué clase de ser era, y cómo devoraba el dolor y el terror de la situación que vivimos, como si fuera una golosina, enfermando a los afligidos, robándoles su fuerza vital. ´´Tuve que reprimir mi enojo, y con la ayuda de otros miembros del culto, le pedimos que se fuera. -¿Y cómo se expulsa a alguien así? -Nos concentramos en transmitir, a la vez que la invitamos a retirarse, todo el amor, la paz y buenos pensamientos posibles. ´´Fue como derretirle una careta con ácido: su hermosura impactante, de la que se vale para hacerse lugar en donde intenta infiltrarse, se desfiguró en el acto, mientras chillaba como un buitre. Nunca vi una mujer tan fea y vieja. No sé la edad que tendrá, Edgard, pero me atrevo a decirte que es milenaria. ´´Y es nómade. Va de un lugar a otro a alimentarse de dolor ajeno. Cuando se siente fuerte y renovada, se marcha a otro sitio, dejando a las personas a las que le robó su escencia muy enfermas y deprimidas. ´´El mundo es un coto de caza interminable para ella. Creo que se ha encaprichado con nuestro pueblo, pues vienen pasando cosas espantosas desde hace largo tiempo. ´´La puedes atrapar y expulsar en el próximo velorio. Te aseguro que va a asistir. Le salieron bien sus anteriores visitas. -¿Cómo la reconozco? -Aunque trate de disimular su extraordinaria belleza, la verás como a una jovencita de grandes ojos pardos rasgados, con reflejos dorados, de piel morena, y una larga cabellera castaña. Tiene una figura que no deja indiferente a ningún hombre, y un aire de tierna inocencia. Para más detalles, usa un broche en el pelo que imita una llama de metal, en simbolismo del odio que arde en la tierra. Me ruboricé al darme cuenta de que la había visto en los dos velorios. No pensé que fuera raro, dado que nuestro pueblo es pequeño, y siempre hay conocidos en común. Aurora se rió al ver mi cara. -No te avergüences, Edgard. Era lógico que te fijaras en ella. Apuesto a que Tristán también le prestó bastante atención. ´´Ahora que sabes de quién se trata, deben estar alertas, y para evitar que dañe a los asistentes robándoles su energía de tristeza, no deben dejarse ganar por el enojo. ´´Recuerda: sentir amor, es lo peor que pueden hacerle. Con estas premisas bien claras, y habiendo aleccionado a Tristán, solo bastó esperar. Y efectivamente: apareció en el velatorio, con cara de aflicción. Nos acercamos a ella, en forma discreta, para no alarmarla. -Disculpe usted, señorita. Tenemos que pedirle un gran favor. Una dama está descompuesta, con un ataque de nervios por el dolor de la pérdida, en nuestra oficina. No podemos calmarla. ¿Sería tan amable de acompañarnos, para ver si logra tranquilizarla? Quizás al ver a una linda jovencita, que le hable dulcemente, se sienta mejor… Lucrecia se iluminó con una sonrisa espectacular. Se debía estar relamiendo interiormente con la posibilidad de darse un gran banquete con la angustia de la supuesta afectada. Enorme fue su sorpresa, cuando al ingresar a la oficina, Tristán trabó la puerta, y puso música clásica a todo volumen. -El tema preferido del difunto, señorita… -¿Qué está pasando? ¿Por qué me encierran acá? -Sabemos quién eres, Lucrecia. Y queremos que te marches, en paz. Antes de que siquiera atinara a gritar, por sobre el volumen de la música, le impusimos las manos con los pensamientos más nobles que pudimos evocar. Capté, emocionado, el afecto que Tristán sentía hacia mí, por haberlo ayudado, y la magnitud de sus sentimientos hacia aquellos que atesoraba en su corazón. Por mi parte, vivencié intensamente todo el amor que siento y sentí en mi vida. El espectáculo que presenciamos, no me lo olvidaré jamás. El hermoso rostro de adolescente se transfiguró en el de una anciana horriblemente deforme. Sus bellos ojos mutaron a dos globos saltones, con venas negruzcas que palpitaban en forma impresionante. La naricilla perfecta se agrandó hasta una dimensión increíble, ganchuda y llena de verrugas peludas. Su boca de pimpollo tomó la forma de una pútrida caverna, en donde colmillos amarronados custodiaban una bífida lengua verde. Su piel de porcelana se cubrió de pliegues, arrugas y manchas, semejantes al cuero de un reptil prehistórico. El esbelto cuerpo se encorvó y retorció, con el aspecto de un esqueleto maltrecho cubierto de pellejos purulentos. La melodía clásica enmascaró bastante su grito de ave de rapiña herida. Con la agilidad de una araña horrorosa, trepó hasta la ventana, chillando de forma espantosa. Dejó caer en su huida el broche de su cabello, que de sedoso y tupido, pasó a ser una mata de hebras grises y ralas. El objeto pasó del rojo ígneo al color mustio de la ceniza de un fuego extinguido. Y, obviamente, ahora es parte de mi colección. Al margen de esta bruja espantosa, todos conocemos muy bien a gente común que se regocija con el sufrimiento ajeno. No le demos lugar en nuestras vidas a personas que disfrutan con el mal. Tarde o temprano, por mucho que se disfracen, terminan mostrando su verdadero rostro asqueroso y miserable. Los saludo desde La Morgue, mis amigos, invitándolos a disfrutar de mis historias y objetos coleccionados.

viernes, 8 de enero de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA- ALFILERES

EDGARD, EL COLECCIONISTA ALFILERES Estábamos oficiando el velatorio de la señora Leonor, cuando de pronto, con mi asistente Tristán, percibimos un abrupto descenso de la temperatura de la sala. Había olor a ozono y una energía extraña que nos erizó la piel Junto al féretro, vimos el espíritu de Leonor, espantada, intentando escapar del espectro de una mujer de rostro maléfico, que la estaba atormentando. Despedía un aura oscura. En ese momento, Mercedes, la nieta de Leonor, criada por ella como su hija, entró en un ataque de llanto, que la concurrencia tomó como el dolor propio de la pérdida. Nosotros captamos que ella había tenido una percepción de las apariciones. La llevamos, para que se tranquilizara, a la oficina, con la excusa de ofrecerle un café. -Mercedes, ¿qué le ocurre? No creo que sea solo tristeza, ¿verdad? -Tengo una sensación horrible, señor Edgard. Mi lazo con mi abuela siempre fue muy estrecho. Yo sabía cuándo ella estaba feliz, y cuando estaba mal. Y ahora estoy segura de que algo terrible está ocurriéndole. Sentí de golpe el dolor de pinchaduras agudas en las manos, algo recurrente de sus malos momentos. Pero, ¿cómo puede tener un mal momento, si ya no está en este mundo? No lo entiendo… -Sé que le debe resultar muy confuso. Solo le voy a pedir que se calme, y que confíe en nosotros. Entendemos lo que siente, créame. Cuando termine el velorio, estaremos en condiciones de saber bien lo que ocurre. Tranquila. Lo que sea, tendrá una solución. Y volvió Mercedes a la sala, tensa y afligida. Cuando concluyó la despedida, y se retiraron los deudos, Tristán me dijo: -Observe el cuerpo de Leonor, Edgard. Las manos de la buena mujer estaban totalmente cubiertas de alfileres oxidados. -Saquemos esas cosas, ya, antes de cerrar el ataúd. Y cuando terminamos de hacerlo, ayudados por pinzas, ya que estaban profundamente clavados, aparecieron nuevamente las almas. Leonor penaba una angustia terrible. La mujer malvada tironeaba de ella como intentando retenerla, impidiendo su tránsito hacia la luz. Al unísono, impusimos las manos a las apariciones, intentando captar la naturaleza de lo que ocurría. Entonces, un torbellino de imágenes nos ilustró abruptamente la historia: ´´Leonor, siendo muy niña, fue puesta como criada de una familia muy adinerada, ´´La familia a quien le tocó servir no fue precisamente agradable. Todos la trataban muy mal, y la denigraban en cada ocasión posible. ´´La mujer que la acosaba, se llamaba Sara, y con tal de no verla en paz, la ponía todo el día a trabajar sin descanso. Solo le daban una pausa los lunes. ´´La hija de Sara, de la misma edad de Leonor, no perdía tampoco ocasión de humillarla cada vez que podía. Y el día de Reyes, le hizo un desfile con las hermosas y costosas muñecas que le habían regalado, mofándose de que ella no tenía ni un caramelo por presente. ´´Leonor, que solo era una niñita, creyó que podía subsanar esa carencia, y decidió, en nombre de los Reyes, hacerse un regalito. ´´El lunes, su día libre, la familia se ausentó de la casa, y ella se tomó la libertad de entrar al cuarto de costura de Sara, y seleccionar de un canasto pedazos de tela que se ponían allí para descartarlos más tarde. ´´Con una habilidad innata, fue armando una bella muñeca de trapos, vestida alegremente, y con una enorme sonrisa en la carita. ´´Muy feliz, esperó a que llegaran sus patrones, para mostrarle a la hija de Sara que los Reyes no se habían olvidado de ella. ´´Nunca imaginó las consecuencias de su inocente acto. ´´Cuando Sara vio el juguete, y supo que Leonor había entrado en su cuarto de costura, la tomó por el pelo, y comenzó a zarandearla. -¡Cómo te has atrevido, mocosa mugrienta, a tocar mis cosas personales! ¡Has robado mi material, y utilizado mis elementos! -¡No robé nada, señora Sara! ¡Tomé las telitas que usted tira a la basura! -¡Pues a la basura debían ir, no a tus sucias manos! ¡Dame esa porquería ya! Con los ojos llenos de lágrimas, observó cómo tiraban su linda muñequita a las llamas de la chimenea. -Y ahora, para que aprendas que lo único que tienes permitido con las propiedades de esta casa es limpiarles lo sucio, te voy a dar una lección, para que no se te olvide en tu vida. ´´Arrastrándola del cabello, tras la mirada indiferente del esposo, y una llena de malévola satisfacción de la hija, la llevó al cuarto de costura. ´´Allí, con una muestra de crueldad sin límites, le clavó en las manitas a Leonor todos los alfileres que tenía en existencia, y le hizo arrodillarse para pedir perdón. ´´Cuando Leonor lo hizo, con las manos sangrantes, le dijo: -Te doy media hora para quitarte los alfileres y colocarlos en su lugar. Controlaré que no falte ni uno. Y más te vale que mañana estés trabajando como si nada, porque de no ser así, te echaremos a la calle como el perro que eres. ´´Leonor logró quitarse los pinchos con muchísimo dolor. Ese día lo pasó encerrada en su cuarto, con las manos vendadas con una enagua propia. Y pese que el martes sus manos seguían doliendo horriblemente, logró cumplimentar sus labores, pese a su tormento, y a la pena de recordar todo el tiempo que su primer y único juguete, tan bonito y hecho con amor, fuera quemado sin poder haberlo abrazado ni una vez. ´´Con los años, Leonor salió de esa casa, sin soportar más maltratos, y consiguió trabajo y libertad para hacer su vida. Y eso, Sara jamás se lo perdonó. La consideraba de su propiedad, como una olla o un mueble, y más agraviada aún, cuando vio que logró una vida plena y feliz. ´´Ahora, ese espíritu oscuro y maligno, no le permitía marcharse al puro y benigno de Leonor. Sara solo tenía energía para el mal. Indignados ante la bajeza de esa sucia entidad, tomamos los alfileres oxidados, y se los arrojamos al colérico espectro de Sara, mientras yo le gritaba: -¡Te expulsamos de este plano, espíritu inmundo! ¡Vete con otros monstruos horrendos como tú, y sufre tus culpas y maldades! Los pinchos se clavaron en la imagen de Sara, que se retorcía de rabia. Se pusieron incandescentes, y ardieron, deshaciendo en cenizas al cruel fantasma dañino, que en ningún momento dejó de mostrar odio, aún mientras desaparecía de nuestra vista. Leonor tenía un gesto de paz agradecida, y nos señaló el féretro: entre sus manos, descansaba una linda muñequita de trapo. -¿Puedo tomarla, Leonor? Ella hizo un manso gesto de asentimiento feliz, y se despidió, abandonando el mundo de los vivos en medio de una bella bruma dorada. La muñeca de trapo renacida de las llamas de maldad e injusticia, es parte de mi colección, y con ella oramos frecuentemente pidiendo protección para los niños de todo el mundo. Hablé posteriormente con Mercedes, y ella me agradeció, diciéndome que podía sentir que su abuelita descansaba por fin en paz. Espero que cualquiera que perpetre un acto de maldad contra una criatura no se cruce en mi camino. No tendrá un final feliz. Se los aseguro, mis amigos, y los espero en La Morgue, con toda mi colección de historias a su disposición.

domingo, 3 de enero de 2021

ACUERDO POR PARTES

ACUERDO POR PARTES Luciana se sentía aliviada de haberse separado al fin de su abusivo esposo. Luego de mucho tiempo de soportar maltratos y humillaciones, decidió dejarlo, huyendo de la casa con sus hijitas, y denunciándolo previamente. El motivo que desencadenó su determinación fue una paliza recibida tras una estúpida sospecha de Antonio: pensaba que ella tenía un amante. Gustavo solo era un compañero de trabajo, con una amistad superficial. Pero una salutación navideña de él en su teléfono, le dio la excusa de acusarla con horrendos improperios, y golpearla duramente. Sin pensarlo mucho, Luciana cobró fuerzas para irse, alquilar una casita, y recomenzar la vida con sus hijas, lejos de la violencia y el maltrato. Mandó a sus niñas a la casa de su madre, donde pasaría Navidad, y comenzó a alistar la maleta para subirla al coche. Estaba exhausta por la mudanza, las emociones encontradas, la inseguridad de emprender una nueva etapa, con todas las dudas que conllevan una convivencia de tantos años, y tres hijas en común. La sobresaltó el móvil, con su tono de llamada. -¿Quién habla? -Antonio. ¿Esperabas el llamado de otro tipo? -¡Claro que no! Pero este no es tu número. ¿Qué quieres? -Pasar Navidad con mis hijas, como siempre, desde que nacieron. -Pues no puede ser. El juez te pondrá días de visita. ´´Lo mejor sería que lleguemos a un acuerdo de partes, y lo solucionemos amigablemente. Podrían estar contigo para el año nuevo. -Nunca pasé una Navidad sin mis niñas. -Antonio: recuerda lo que hiciste. Esto es consecuencia de tu violencia. Lleguemos a un acuerdo, a una custodia compartida. Tengamos paz, por favor… -Así que un acuerdo por partes. Me estás tentando, Luciana. Es justa una división por partes. Puedo decir que ya me convenciste. ´´Sé que las niñas están en casa de tu madre, esperándote. Y solo por hoy, vísperas de Navidad, te daré la razón. Como un regalito especial de Santa… Antonio colgó antes de que pudiera preguntarle nada. No le había agradado el tono sarcástico y misterioso. Decidió no dejarse atormentar por el desquiciado que le había arruinado la existencia por demasiado tiempo. Cuando terminó de alistar la ropa y los paquetes de regalos, escuchó un ruido proveniente de la hermosa chimenea que la había enamorado a la hora de decidirse a alquilar la casita. Pensó que eran gatos, aunque no pudo evitar un estremecimiento. Empezaron a caer piedrecillas, y quedó paralizada. -¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad! - escuchó por el conducto de la chimenea, con los ojos desmesuradamente abiertos por el pánico. El timbrazo del celular le arrancó un grito. -¿Antonio? -No, querida. Soy Santa. Él te manda su regalo de Navidad, siguiendo tu sugerencia de acuerdo por partes. Aunque se había colgado la llamada, quedó sin moverse, con el teléfono en la mano, mientras un goteo se iniciaba sobre los leños que adornaban el piso de la chimenea. Solo cuando vio caer los pedazos desmembrados de sus hijitas, parte a parte, el grito de horror salió de lo más profundo de su pecho, trascendiendo la noche, el tiempo y la cordura… @NMarmor

EL KRAMPUS

El Krampus El jefe de comisarios suspiró al colgar la llamada del intendente, enojadísimo por el hallazgo del ´´Santa´´, empalado en el gigantesco árbol navideño, atracción turística tradicional de la ciudad en su plaza mayor. Al hombre le habían arrancado los ojos, la lengua y los genitales. No era el primer año que mataban pobres diablos disfrazados de San Nicolás. Con su acceso exclusivo a datos de las víctimas, el comisario obvió comentar que los asesinados tenían antecedentes de pedofilia. Abrió su armario con ojos brillantes de entusiasmo. Sacó una serie de elementos punzantes, y una máscara horrorosa. Por unos segundos, volvió a ser ese niñito al que mamá no creyó cuando le contó lo que el tío le había hecho. Ella le amenazó con el Krampus, que castigaba a los niños malos y mentirosos. No habría regalo para él esa navidad. Era otra noche propicia para castigar niños malos…