jueves, 1 de julio de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- EL ROMPECABEZAS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
EL ROMPECABEZAS
Vino a visitarme Mercedes, una mujer cuyo marido estaba denunciado como extraviado.
La historia que me contó, junto con una petición, fue bastante perturbadora.
_Acá tengo los ahorros de toda mi vida, para cumplir con la última petición de mi
esposo, Gregorio.
´´Él era infiel, y yo lo sabía. No me importaba mucho, a esas alturas, pero lo que
deseaba con toda mi alma era tener un bebé.
´´Se negaba con las excusas más variopintas. Yo tenía colocado un DIU, a pedido
suyo.
´´Como me venía engañando hacía años, no tuve reparos en hacerle trampa también:
Me hice sacar el dispositivo, y casi inmediatamente, quedé embarazada.
´´Las malas lenguas, que nunca faltan, me informaron que su actual amante estaba
esperando mellizos de Gregorio.
Me indigné absolutamente. Tanto tiempo privándome de la posibilidad de ser
madre, y él haciendo hijos por ahí.
´´Con mucha ira en mi interior, le conté de mi embarazo.
´´El miserable se enfureció y me levantó la mano. Tomándome del pelo me dijo que
me practicara un aborto, que nunca se haría cargo de un niño con mis genes de bruja.
´´Con una helada calma, le dije que sí, que buscaba la cartera, y me ocuparía de eso.
´´Lo que busqué fue un hacha entre sus herramientas. Debería haberle sacado una
foto: impagable la expresión de pavor y sorpresa en su miserable cara.
´´No sé de donde me salieron fuerzas, pero el punto es que, con cada golpe de hacha,
le hacía volar un pedazo cercenado de su cuerpo. Gritó como un cerdo en el
matadero, pero nadie indagó nada, acostumbrados los vecinos a nuestras discusiones
constantes.
´´Cuando finalmente colapsó, la habitación parecía un matadero. Hasta en el techo
había sangre y pedazos de carne pegados, colgando.
´´No terminó allí mi furia. Lo seguí cortando en trocitos, y los puse en una carretilla
de albañil.
´´Hice el recorrido por todas las casas de las amantes que había tenido durante
nuestro horrible matrimonio, y dejé un pedazo de él en las puertas de cada una.
´´Hablé con el ex marido de una de estas señoras. Es abogado penalista, y me aseguró
que, si confesaba, lograría que caratularan mi accionar como emoción violenta, más
aún porque Gregorio me engañaba, y me quería obligar a abortar. Mi abogado es el
esposo de la mujer que espera mellizos. La dejó no bien comunicó las ´´buenas
nuevas´´ al marido: el hombre tenía hecha una vasectomía, lo que nunca comentó.
´´Sé que tomará la defensa muy en serio. Lo ve como una forma de venganza, y yo no
tendría problemas de ir a la cárcel, con la enorme satisfacción de haber carneado a ese
malnacido, pero quiero que mi bebé tenga una vida plena y normal, disfrutando del
amor de su madre.
´´Aclarado esto, voy al punto de lo que me importa: el imbécil de Gregorio creía que
para descansar en paz deseaba un velatorio con toda pompa. Siempre que salía el tema
de la muerte, repetía eso.
´´Ya se me fue el odio que cargaba encima por su egoísmo y maldad. Quiero cumplir
su último deseo.
´´No va a ser fácil, Edgard. Tendrá que armar a Gregorio como a un rompecabezas
de carne y hueso, y esmerarse si falta algún pedacito. Estaba cegada por la ira cuando
lo trocé. Confío en su reputación. El comisario me espera afuera. Le conté todo, así
que me envió con usted, antes de comenzar mi prisión domiciliaria.
´´Me dijo que es un artista en el tema. Confío totalmente en su pericia.
´´Pido disculpas de antemano. Cuando junten todos los trozos de Gregorio, se los
traerán para que lo ensamble, y sus innumerables ´´viudas´´ lo despidan.
´´Me pidió el comisario que le diga que una vez concluidos los peritajes forenses,
le traería el hacha para su colección, ya que al confesar yo, el caso está más que claro.
No bien terminó su elocución, y me entregó el dinero, se retiró luego de darme un apretón cordial de manos. Se la veía muy feliz, tranquila y realizada.
En unas horas me traerán el rompecabezas humano, y el hacha, que tendrá un lugar en los estantes de mi querida colección.
Nunca, amigos, se metan con los sentimientos de una madre. Pueden tolerar muchas cosas, pero jamás dejarán que lastimen a sus hijos.
Gregorio lo aprendió de muy mala manera…
Quedan cordialmente invitados a La Morgue, si quieren ver cómo me las arreglo para componer el cadáver destrozado, y escuchar las historias de mi colección.
sábado, 26 de junio de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- RATAS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
RATAS
Vino el comisario Contreras acompañando a la ambulancia forense.
Me traía un difunto, y parecía muy afligido, por lo que le invité a tomar un café, junto con Tristán, mi ayudante.
_Me pone muy triste lo que ocurrió. La fallecida es doña Ofelia. La conozco desde
niño. Una mujer muy buena y dulce.
´´Vino la señora Ordoñez, dueña de la mansión donde trabajaba Ofelia como cocinera,
con una denuncia en su contra. La mujer había perdido hace poco a su pequeña hija, y
dudando de la supuesta muerte natural de la niña, acusó a la Ofelia de envenenarla.
´´Basaba su acusación en haber encontrado en el cuarto de la cocinera un gran lote de
veneno para ratas.
´´No me pareció justificación suficiente como para fundamentar su acusación, pero la
rica y poderosa mujer tiene contactos, y de inmediato me llamaron superiores para
investigar el caso, y detener a Ofelia.
´´Me dio vergüenza proceder. Le pedí disculpas a la señora, diciéndole que solo
estaría demorada unas horas, hasta que se aclarara el malentendido.
´´Cuándo le pregunté el porqué del veneno entre sus pertenencias, me
contó que Jorgelina, la niñita fallecida, se quejaba de la presencia de ratas en el
sótano, donde le encantaba jugar, pese a la prohibición de su madre de ingresar al
recinto.
´´Ofelia la consentía en todo, ya que la mamá no le brindaba atención suficiente.
´´Decidió esconder la compra, para exterminar los roedores que asustaban a la niña
a escondidas de su patrona.
´´Yo le creí. El tema es que la denuncia estaba tomada, y tendría que aguardar hasta
la exhumación y autopsia de Jorgelina, para liberar a Ofelia de la prisión.
´´Busqué un abogado que procediera para lograr prisión domiciliaria de la cocinera, a
quien consideraba inocente de todo delito, pero fue muy tarde.
´´No sé cómo logró las fuerzas para hacerlo, pero Ofelia rasgó su humilde vestido, y
fabricó una cuerda, de la que se colgó, dejando en la pared de su celda un mensaje:
´Soy inocente, pero la vida sin mi querida niñita no tiene sentido. Revisen el sótano´
Los forenses retuvieron el cuerpo, por protocolo.
´´Esperé el informe de la autopsia de la niña. Tal como lo sospechaba, la pequeña
había muerto a causa de un fallo cardíaco por una enfermedad congénita que no se
detectó nunca.
´´No dudé en conseguir una orden de registro. Lo logré pese a las presiones de
accionar contra la poderosa mujer.
´´Para mi sorpresa, la Ordoñez no mostró la más mínima resistencia al control. Se
la veía derrotada.
´´Ella misma nos indicó donde buscar. Tiramos abajo un muro que escondía un viejo
armario empotrado en la pared. Dentro de él, estaban los restos de un neonato,
momificado.
´´La mujer, dejando escapar una lágrima solitaria.
´´Nos contó que el niño era fruto de relaciones extramaritales con un joven de color.
´´El marido se ausentaba largas temporadas por viaje de negocios. Ella llevó el
embarazo con miedo y angustia, ya que no sabía de quién era el bebé.
´´La suerte le jugó a favor, ya que el parto se adelantó, y tuvo al niño antes del
regreso del esposo, corroborando que la criatura era de color.
´´Comprando la voluntad de la comadrona que la asistió en la casa, pidió que la
dejaran sola. Asfixió al pobre niño con la almohada, y valiéndose de sus contactos,
falsificó un certificado de nacimiento y defunción.
´´Le comunicó al marido la ´terrible noticia´ de que el hijo que esperaban nació
muerto, rogándole no mencionar el tema, porque estaba muy choqueada por los
hechos, y temía terminar con una depresión al remover la herida.
´´El buen hombre, con mucha tristeza, respetó su voluntad, ignorando la terrible
verdad escondida.
´´Luego, con el nacimiento de Jorgelina, casi se olvidó de su horrible crimen.
´´Su marido la dejó viuda al poco tiempo de nacer su hija, y la mujer le
tomó fobia a la niña, por su obsesiva costumbre de bajar al sótano ´para jugar con su
hermanito´.
´´Absolutamente espantada y llena de remordimientos y rencor, al tener alguien que le
recordaba sus abyectos actos, le prohibió a la pequeña entrar allí, y tomó distancia de
ella, dejando que se criara bajo la tutela y el amor de Ofelia.
´´Creyendo que todos eran capaces de maldades tan oscuras como ella, se obsesionó
con la idea de que la cocinera había envenenado a su hija, quizá como una venganza
del destino.
´´Actualmente, la Ordoñez está presa, y por lo que intuyo, dispuesta a pagar sus
culpas, luego de tantos años de impunidad. Prefirió en su momento matar a su bebé
para no perder un matrimonio de interés con un proveedor generoso, antes que
enfrentar su infidelidad, delatada por el color de piel de su niñito.
´´He organizado una colecta para que se le dé a Ofelia una despedida más que digna.
´´Al menos, se merece esto. Sé que ustedes hallarán el modo de que la pobre mujer
tenga un descanso pacífico.
No acepté el dinero. Pedí que se donara para instituciones benéficas, en nombre de
Ofelia.
No bien comenzamos a preparar el velatorio, al acercarnos al cuerpo, apareció su
espíritu, con un gesto de aflicción, tocándose el pecho.
Hice una incisión en el pecho del cadáver, y extraje una rata disecada mordiendo el
corazón de la difunta.
Era la materialización del dolor que tenía por haber perdido a su amada niña, y para
colmo de males, acusada posteriormente de su muerte.
Con Tristán impusimos nuestras manos frente al espectro, transmitiendo con mucho amor que pronto se encontraría con su niña, y que todos sabían de su inocencia.
Se le distendió el rostro, deformado por la amargura, transformado con un gesto de liberación.
Nos saludó antes de marchar hacia la luz, en pos de su reencuentro, absolutamente en paz.
Pudimos proseguir, satisfechos, con el velorio de Ofelia.
La rata está en uno de los frascos de mi colección, recordando las abyectas acciones de quienes prefieren satisfacer sus necesidades y placeres, aún a costa de un crimen, y mantener años y años mentiras horribles.
Créanme, mis amigos: tarde o temprano, la verdad nos alcanza, y nos aplasta con el poder de una justicia que va más allá de la humana.
Los espero en La Morgue, como cada semana. Y si llegan acá por otras causas, traten de blanquear antes secretos oscuros y mentiras.
Sé muy bien por qué se los digo…
Edgard, el coleccionista
@NMarmor
sábado, 19 de junio de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA - UN PARTIDO SANGRIENTO
EDGARD, EL COLECCIONISTA
UN PARTIDO SANGRIENTO
El comisario Contreras me vino a avisar que tendría, a la brevedad, muchísimo trabajo.
Lo sabía. Había visto las funestas noticias.
Nuestro pueblito, como casi todos los del mundo, tenía una tonta rivalidad con el pueblo vecino. Siempre se estaba compitiendo por cosas frívolas: quién tenía la muchacha más bella, el hombre más fuerte, (también la muchacha más fuerte y el hombre más bello), los mejores paisajes, las comidas más ricas, la resistencia alcohólica más sólida…en fin. La historia era interminable. Así que los intendentes de nuestro pueblo, y el rival, tomaron la decisión de promover eventos culturales, artísticos y deportivos, donde se divulgara la participación y la sana competencia.
Fue una idea muy buena, en principio. Todos los comerciantes, incluido este servidor, aportamos donaciones para los premios y estadías durante las jornadas.
Don Vicente, el profesor de gimnasia mítico, que había inculcado amor al deporte a varias generaciones de vecinos, con su fortaleza intacta, pese a sus años, se encargó de convocar una selección de jóvenes para que nos representara en los torneos futbolísticos que se llevarían a cabo en el marco de las acciones comunales.
Vicente se entregó en alma y vida a enseñarle a los muchachos elegidos, no solo técnicas de juego, sino también el concepto de nobleza, caballerosidad y empatía, sin el cual, decía, el deporte no tenía sentido. Los chicos absorbían como esponjas sus conceptos, entrenando con alegría y orgullo.
Hasta donde yo sé, el joven director técnico rival hizo lo mismo con sus alumnos, generando un clima sano y positivo.
Quiso la desgracia que unos degenerados vejaran y mataran a dos chicas. Tanto las víctimas como los asesinos integraban como habitantes las dos comunas: ambas tenían el dolor de las pérdidas, y la mancha de los perversos.
El mal humor de la gente, las habladurías y pullas fueron in crescendo, al margen de que se apresaron a los malvados de ambos lares, para ser juzgados con todo el rigor de la ley.
El día del partido inicial entre nuestro equipo, y el rival, había un ambiente nefasto.
Se respiraba en el aire un aura de odio abyecto.
Mi amada Aurora estaba pálida, descompuesta.
Tristán, mi ayudante, se mostraba nervioso y atemorizado.
Yo mismo, que en principio iba a asistir al juego, sentía una rara opresión en el pecho, y decidí cerrar muy bien las puertas de mi casa y la funeraria, y quedarme con los míos.
Los muchachos comenzaron a jugar en una cancha del pueblo acondicionada especialmente para la ocasión.
El césped relucía. Los arcos estaban recién pintados, con redes flamantes. Las gradas, donadas por madereras, se veían hermosas y cómodas.
Pero el malestar que había en el aire afeaba el encuentro.
Los chicos iniciaron el primer tiempo con los valores aprendidos durante el entrenamiento: deporte limpio, y diversión sana.
El público de ambos bandos comenzó a insultarlos, e incentivarlos con las más groseras frases, y un odio que los torturó durante los primeros minutos.
La transformación de los atletas, si bien fue sutil en principio, se hizo claramente notoria ante los asistentes, que ya no celebraban avances deportivos, sino, faltas y actos violentos en el juego.
El réferi, alarmado por la agresividad sin sentido de los chicos, los amonestó, sacando tarjeta roja para los capitanes, que fueron expulsados.
Esta acción, más que justa, desató la masacre.
De ambas tribunas llovieron piedras sobre el pobre hombre, que cayó, ensangrentado, al recibir muchas en la cabeza.
Fue el comienzo de una lucha enloquecida, dentro y fuera de la cancha.
Aparecieron, vaya a saber cómo, toda clase de objetos punzantes, con los que la concurrencia se atacaba, en una vorágine de violencia sin límite.
El césped se tiñó de un rojo intenso.
La lucha alcanzó un pico de ferocidad espantosa.
Vicente, y Aníbal, el joven entrenador del otro pueblo, consiguieron huir a duras penas para buscar apoyo de la policía, ya que el único agente que estaba presente en el evento, yacía muerto, con los sesos esparcidos en el suelo.
Intentaron, vanamente, calmar los ánimos de sus alumnos, y parar el partido, pero, según sus posteriores declaraciones, todos parecían poseídos por una fuerza maligna.
Las miradas de la gente, tenían un extraño brillo rojizo, como si en el fondo de sus miradas ardieran llamas, que quemándoles alma y consciencia, los privara del más elemental raciocinio.
Cuando por fin llegaron las fuerzas policiales, la gente estaba calmada, con cara de salir de una larga pesadilla, sin entender qué había sucedido, pese a las armas y la sangre que los embadurnaba de pies a cabeza.
Incontables cadáveres yacían en todo el predio, en las poses más abominables, con gestos de horror y odio funestos.
Pese a las investigaciones posteriores, y las declaraciones de los implicados, tanto los muchachos que jugaron, como el público, afirman haber sentido, en un momento en que recordaron los crímenes de las chicas violadas, la sensación de un ´´ardor helado´´ en el pecho y la cabeza, y juraron no recordar nada más, hasta que llegó la policía y los encontró, mirando incrédulos a los muertos mutilados y eviscerados, entre los cuales había amigos y vecinos, casi irreconocibles por su estado.
Contreras, también confundido y asustado, me trajo la pelota manchada de sangre que hoy forma parte de mi colección.
Es un amargo recordatorio de que las rivalidades estúpidas y los malos sentimientos, son una puerta de entrada al mal.
¿Será que, si todos los pueblos subyugados se unieran en un solo abrazo solidario y empático, expulsaríamos a los malvados invasores que aprovechan nuestras debilidades para empobrecernos y tenernos a sus pies?
Les dejo este interrogante, mis amigos, con la sensación de que vivimos jugando un partido sangriento, que no tiene fin, para alimentar a las opresivas fuerzas del mal.
Los invito a visitar La Morgue, y mirar mi colección.
La pelota ensangrentada estará en primer plano, para que cada uno, saque sus propias conclusiones a respecto….
Edgard, el coleccionista
@NMarmor
viernes, 11 de junio de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA
LÁGRIMAS DE PIEDRA
Llegó Pedro a la funeraria, y con Tristán tuvimos algunos problemas para preparar su despedida.
Como su deceso fue dudoso, pasó por manos forenses antes de llegar a nosotros, con una conclusión de muerte natural.
La anormal rigidez del cadáver, pasadas las horas usuales en que se presenta el rigor mortis, nos complicaba una presentación al descubierto.
Tenía los ojos y la boca muy abiertos, como si un grito silencioso cobrara fuerza ante el gesto torturado de su rostro, diríase tallado en roca.
No quisimos fracturar la mandíbula. Y los párpados, aún con la costura más finamente ejecutada, nos hacía pensar que romperían el hilo más fuerte para mostrar esa última mirada de espanto.
_¿Será, don Edgard, que nos querrá decir algo, el pobre Pedro? Como que lo siento
en el pecho…
_Si tú lo percibes, seguro así ha de ser. ¡Manifiéstate, viejo amigo!
Desde una bruma gris, emergió el espectro del hombre, con un gesto de amargura, su imagen en blanco y negro, desprovista de colores.
Sin demoras, impusimos nuestras manos, para dejar que fluyera su energía hacia nosotros.
Vimos imágenes de Pedro siendo decepcionado una y otra vez por sus afectos. Descubriendo cómo quienes consideraba sus amigos se aprovechaban de él inescrupulosamente. Los parientes que defraudaron su confianza.
Las terribles traiciones amorosas.
Cuando al fin creyó encontrar la mujer de su vida, cómo ella lo dejó por su mejor compañero de trabajo.
Visualizamos todos, y cada uno de los episodios que pesaron en su pecho como una lápida, y que jamás, por su carácter dulce y amable, expresó a su debido momento.
Aguantó injurias, faltas de respeto y maldades del prójimo exponiendo la otra mejilla, a la espera de que las cosas cambiaran, y su suerte mejorara.
Eso no ocurrió. Por eso, cuando la muerte lo sorprendió, asombrado al ver que abandonaba la vida sin un acto de contrición o arrepentimiento de sus pares, su cuerpo se contracturó, como volviéndose de piedra.
_ ¡Pedro, no lo sabíamos! Haremos algo al respecto, créeme…
Decidimos que sería un velatorio a cajón cerrado, aún en contra de su última voluntad a respecto, expresada en su seguro de sepelio.
Cuando empezaron a llegar los deudos, miramos con Tristán sus rostros. Algunos mostraban vergüenza, otros, arrepentimiento, y había hasta algunos mal paridos que demostraban satisfacción: pensaban que algo les tocaría de sus bienes en el testamento.
Al completarse la asistencia, les pedí un minuto para decir unas palabras.
_ Antes que nada, cuento de ante mano con sus disculpas por lo que voy a manifestar.
´´Todos hemos conocido al buen hombre que hoy despedimos. Yo con mucho dolor,
estando seguro de que se va una excelente y caritativa persona, que ayudó a muchos de
los presentes. No es mi ánimo ni intención cargar a nadie de culpas, pero creo que
muchos de los que se encuentran aquí, le deben una disculpa sincera, desde el alma.
´´Si les nace, les suplico que, al terminar mis palabras, nos tomemos un minuto, para
decirle, con una mano en el corazón, lo que realmente sentimos por él.
´´Estoy convencido de que eso ayudará a que Pedro pueda marcharse en paz.
Para mi total sorpresa, todos los asistentes bajaron su cabeza. Cerrando sus ojos, oraron en silencio. Hasta los que parecieron en primera instancia unos granujas, se conmovieron, sumándose a la oración general.
Entonces, ocurrió algo impensable.
Se abrió de golpe la tapa del ataúd.
La concurrencia, al borde del colapso emocional, observó el rostro de Pedro, con una pacífica sonrisa, y vieron brotar de sus ojos lágrimas, que no bien salían, se volvían piedras al contacto con el aire.
Las piedrecillas eran de todos los colores, como expresión de toda la gama de sentimientos que había reprimido y sufrido en vida.
Para mitigar la tensión nerviosa, rayana en la histeria, que se desató, tuve que improvisar un discurso, donde expliqué que era normal que fallara el cierre del féretro, que tenía un resorte dañado, y que el fenómeno que habían presenciado, era totalmente natural.
No sé si me creyeron, pero al menos no escaparon del estrafalario velatorio de pesadilla.
Solo Tristán y yo vimos ascender, saludando mansamente, al espíritu del difunto. Tenía un semblante pacífico, y, al igual que sus lágrimas pétreas, era multicolor como un arco iris.
Por supuesto, las lágrimas de piedra de mi buen amigo, están en un bello frasco de cristal, como un colorido símbolo del perdón y el arrepentimiento, que salva a las almas, y bendice a quienes lo reciben y lo dan.
Nada mejor, amigos míos, que decir nuestras cosas en vida. Llevar siempre liviano el pecho.
No todos los funerarios respetarán sus cuerpos como yo, sin quebrarlos si están con un anómalo rigor mortis…
Los espero con mis historias y mi colección en La Morgue. Por cierto: bien relajados…
Edgard, el coleccionista
@NMarmor
sábado, 5 de junio de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- RAÍCES SANGRIENTAS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
RAÍCES SANGRIENTAS
Me trajeron a Donato, para preparar su despedida, desde la morgue judicial.
Si bien se constató un deceso natural, con nada que implicara sospecha de crimen, las circunstancias en que hallaron el cuerpo dejó consternados a todo el mundo.
Donato se hacía cargo de un vivero, el único del pueblo, negocio familiar heredado de generación en generación.
El hombre era muy callado, y según dicen, algo exéntrico.
Entre sus rarezas, los clientes que entraban al bello galpón de techo translúcido, para dejar entrar el regalo del sol a las hermosas y variadas plantas exhibidas, encontraban a Donato hablar con su tesoro vegetal, con la misma naturalidad con que cualquiera le habla a un amigo. Al realizar las ventas, les rogaba a los compradores:
_Cuídela mucho. Se lleva usted un pequeño retazo de mi corazón…
La gente sonreía, y se retiraba nerviosa.
No era inusual que tuviera, cada tanto, el vivero cerrado un par de días.
Partía con rumbo desconocido, y retornaba con nuevas especies, tan llamativas, que cautivaban al público amante de la naturaleza.
Ocurrió que un día Donato no regresó.
Por muy extraño que pareciera, las plantas no se secaban ni morían, pese a que nadie las regaba. Al menos, desde la menguada visión que permitía el portón del negocio.
Cuando transcurrieron más de diez días, una clienta habitual se acercó a la comisaría, explicándole al comisario Contreras que la ausencia del comerciante no le parecía normal. Él no abandonaría sus plantas amadas tanto tiempo sin cuidado. Y ella, que se preciaba de ser su amiga, siempre era anoticiada de sus ires y venires.
Contreras se reservó decir que sabía que la viuda, doña Mercedes, compartía algo más que su pasión por las plantas con Donato. Y estaban ambos en su derecho.
Aunque no se podía reportar formalmente como desaparecido, le picó la curiosidad. Algo le debía estar pasando al hombre, si no había tomado contacto con su amante.
Roja como una amapola, Mercedes sacó de su cartera una llave, y se la extendió a Contreras, muy nerviosa.
_Es de la casa particular. Ya entré a ver. Lo que no hice, fue buscar la del vivero. Él la
guarda arriba del ropero del dormitorio.
Ignorando con caballerosidad el injustificado rubor de la mujer, el comisario tomó la llave, y aclarando que no sería nada oficial, quedó en corroborar la casa y el negocio.
Fue con un subordinado curioso. La casa, tal como decía Mercedes, no mostraba nada raro.
Abrió la heladera. Vio varios perecederos caducados. Alguien que planea un viaje, no
compra comida que se echará a perder con su ausencia.
Tomó las llaves del vivero, y se dirigió allí con su ayudante.
Luego de trasponer el portón, tuvo la impresión de que nunca había visto la fachada con un verde tan intenso, de las plantas tupidas que se amuchaban en el interior, entrevistas por los ventanales de la entrada.
Les costó ingresar. Realmente parecía una selva tropical. Desbordaba la flora sus macetas. El aire estaba cargado de humedad, y una extraña calidez anómala.
Vieron que de todos los vegetales asomaban raíces escapadas de sus recipientes, y convergían en un punto central.
Al llegar al medio del salón, los hombres se quedaron de piedra.
En el suelo, yacía Donato, con el aspecto de un hombre dormido, dentro de una jaula de raíces que lo cubrían casi por completo.
Al acercarse más, divisaron que dichas raíces se hundían en todo el cuerpo del hombre, que debería estar en un estado avanzado de descomposición, pero parecía en pleno sueño. Constataron su muerte por la gélida temperatura del cadáver, y su falta de pulso.
_No es posible, comisario, que el cuerpo no se haya descompuesto, con esta humedad
y calor asfixiante.
_Opino lo mismo. Deberemos contactar a los expertos. Un informe forense nos
resolverá el enigma.
Siguiendo instrucciones, cortaron las raíces para trasladar el cuerpo. Estremecidos de espanto, escucharon un gemido infrahumano, muy grave, como si las plantas se quejaran al separarlas del cuerpo donde hundían parte de ellas.
Los forenses, luego de desarmar la maraña, y sacar raíces incrustadas adentro del cuerpo, conectadas al corazón y grandes arterias, no pudieron hallar lógica alguna en la extraña mutación vegetal, que de alguna forma, había succionado los fluidos del difunto, y rehidratado con savia. Un enigma absoluto.
Lo único que pudieron concluir con certeza total, fue la causa de la muerte de Donato: un avanzado tumor cerebral.
Concluidos los estudios del caso, sin parientes vivos que reclamaran el cuerpo, Mercedes, descompuesta de dolor, se hizo cargo de los preparativos del velatorio. Tiempo después, se enteraría, por un notario, que era la única heredera del vendedor de plantas.
Cuando preparábamos el cuerpo con mi ayudante Tristán, tuvimos que recurrir a un minucioso maquillaje, ya que el cadáver mostraba un tinte verdoso, que no obedecía a un proceso de putrefacción, sino, a la intervención de los vegetales en su cuerpo.
En eso estábamos, cuando se materializó su espíritu frente a nosotros.
No detectamos dolor. Era un alma en paz, a la que solo le faltaba cumplir un deseo antes de ascender hacia la luz.
Extendiendo nuestras manos hacia la energía esplendida por Donato, pudimos captar el anhelo que lo aferraba aún al plano terrenal.
Habiéndolo captado, le hicimos un gesto de asentimiento.
Él, con una sonrisa beatífica, hizo un gesto de despedida, y se elevó con luminosa benevolencia.
Sacamos con cuidado la camisa y el saco que Mercedes había elegido para su despedida, y reabriendo la costura que había dejado la autopsia, retiramos el corazón, con pequeños restos de raíces sobresaliendo.
Mi amada Aurora me trajo una hermosa maceta rústica de arcilla roja de las sierras, confeccionada por ella. Le pintó unas artísticas letras cursivas: M y D.
Allí, enterramos el corazón, con tierra proveniente del borde del río serrano, y la dejamos en un estante nuevo de mi colección.
Con una rapidez sobrenatural, surgió una enredadera verde brillante, con flores rojas bellísimas.
Tenía instrucciones de entregarle un ramo de esas flores a Mercedes todos los meses, el día del fallecimiento, el diecisiete.
Cuando tuvimos listo el cuerpo, y llamamos a un aparte a Mercedes, no pareció asombrada.
_Manteníamos como tontos nuestra relación en secreto. Cuando insistió en
blanquearla, e irnos a vivir juntos, me dijo con tristeza que esperara un poco. Que
había surgido un inconveniente. Nunca imaginé un cáncer…
´´Me prometió que si alguna vez se marchaba, se encargaría de recordarme su amor
con lo que más le gustaba en la vida.
´´Con este ramo, entiendo a qué se refería. Una pena. Podríamos haber sido felices
juntos.
Tiempo más tarde, Mercedes me dijo que las flores no se marchitaban, así que las puso con tierra, en macetas, sumando todos los meses nuevas adquisiciones. Les hablaba con el mismo amor que Donato había tenido en vida con su universo vegetal.
La enredadera sigue muy verde, oxigenando el estante de mi colección.
Supongo que los sentimientos nobles nunca mueren. Solo toman otras formas, nutridos por la energía de quiénes los emiten.
Por las dudas, no llenen de plantas queridas sus habitaciones. Quizá las raíces busquen sus cuerpos para alimentarse…
Los espero, mis amigos, en La Morgue para escuchar mis historias, y, por qué no, aprender algo no muy conocido de la botánica.
Edgard, el coleccionista.
@NMarmor
sábado, 29 de mayo de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- LOS MONOS SABIOS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
LOS MONOS SABIOS
Me llegaron dos difuntos para un velatorio conjunto.
El comisario Contreras me contó los pormenores del deceso del matrimonio.
La pareja fue descubierta pocas horas después de su muerte por una vecina, que asombrada por la ausencia de Elisa a una partida de cartas que jugaban siempre en día y horario determinado, fue a inspeccionar la casa. Al no contestar al llamado, entró con una llave que Elisa escondía en una maceta, tal como se lo mencionara ella misma.
Al ingresar en la vivienda, un grito de horror brotó de su garganta: Elisa estaba acomodada en una silla, junto a Darío, su esposo.
A Elisa le faltaban los ojos, las orejas, y la lengua. A Darío, pese a que la sangrienta impronta dejada con la mutilación confundía un poco, le habían cercenado los genitales.
En la blanca pared del salón, escrito con sangre, se leía un cartel, con enormes letras:
´´He aquí a los monos sabios, que, aunque debieran ser tres, o cuatro en mi perspectiva, dejo solo dos´´.
Anoticiada por la pobre vecina choqueada, la policía constató que faltaba la hija del matrimonio, Macarena. No se sabía si había sido víctima del ataque, también, o pasaba a ser sospechosa del crimen.
Al ser menor de edad, se difundió una búsqueda de la muchacha, en condición de desaparecida.
Cuando faltaba poco para iniciar mis labores junto a Tristán, mi ayudante, tocaron a la puerta. Mi amada Aurora acudió al llamado, y me avisó que traía un visitante.
El brillo en sus ojos me dio a entender que era importante.
Un muchachito muy menudo, de aspecto frágil y mirada febril, parecía rogarme atención.
_Tome asiento, joven, por favor. Y dígame en qué puedo ayudarle.
_Antes que nada, señor Edgard, le cuento que vine aquí porque conozco a su novia,
y confío de antemano en usted.
Se quitó el gorro, y cayó sobre sus hombros la melena apresada por él. Con sus ropas masculinas, había simulado ser varón, la jovencita.
_Soy Macarena, la hija de la pareja asesinada, que están buscando por todos lados.
´´Pronto desapareceré con otra identidad, pero quiero compartir mi historia con
alguien de confianza. Aurora me dio a entender que usted es la persona indicada.
´´Yo maté a mis padres. Les puse un sedante muy fuerte en el té de la tarde, y cuando
estuvieron desvalidos y mareados, se encontraron amarrados a las sillas donde
perecieron.
´´Los torturé vilmente. A mamá le arranqué los ojos, le perforé con un punzón los
oídos, le corté las orejas y la lengua. Y a papá, lo despojé con un afilado cuchillo de
sus partes viriles.
´´Así como lo cuento, sé que suena horroroso, pero créame, Edgard, que fue la
consecuencia de una tortura que vengo tolerando desde que entré a la adolescencia.
´´Papá comenzó, no bien me desarrollé, a tener una conducta impropia conmigo.
´´Sus caricias y cariños se transformaron en manoseos desubicados.
´´Después de eso, fue una espiral ascendente de situaciones espantosas. Cuando era
inminente que el accionar de mi padre terminara en violación, asombrada de que
mamá no reaccionara con lo que era obvio a simple vista dentro de mi hogar, acudí a
ella para pedirle ayuda.
´´Mi madre me abofeteó. Me dijo que yo era una degenerada, con pensamientos
impuros, y que si mi padre obraba de una manera extraña, seguramente era porque mi
impudicia y provocación lo llevaban a eso, y que ella en particular, como no había
visto, ni escuchado nada al respecto, tampoco hablaría nunca del tema, que debía
morir entre las cuatro paredes de mi hogar. Me amenazó con hacerme internar como
demente si yo divulgaba ´´mis mentiras sucias´´.
´´Y creo que me llevaron a un estado cercano a la demencia, por terminar haciendo lo
que hice con ellos. Fue una locura espantosa, pero no me arrepiento.
´´Aurora, aunque no sabe la totalidad de mi historia, me consiguió documentación para
comenzar nuevamente en algún otro sitio.
Abrió su mochila enorme, y sacó de ella unos frascos, donde flotaban las partes faltantes de los cuerpos cuyo velorio oficiaría.
´´Le dejo esto, señor Edgard. Aurora me contó que usted ayuda a las almas a encontrar
la paz. Y ellos lo van a precisar con desesperación, por la horrible manera en que
fallecieron. No digo que los perdono, pero ya hubo suficiente dolor.
Sacó una estatuilla y me la tendió. Era una parodia de los monos sabios, porque además de los famosos tres, tapándose la boca, ojos y oídos, un cuarto se cubría la zona genital.
Lo había visto en una serie televisiva. No sabía que se vendieran.
_Compré por internet este cacharro. Creo que ilustraba mi odio, como me sentía,
hasta que estallé y obré como usted ya conoce. Se la dejo también. Le ruego, Edgard,
que no me delate. Es horripilante lo que hice, pero me sentí obligada por el asco y la
desesperación. Libere, si puede, por favor, las almas de mis padres. Supongo que con
la muerte que les di, se puede dar por pagados sus pecados en vida.
La pobre niña ya se alistaba para retirarse. Otra vez había escondido su cabellera dentro de la gorra. Tenía una mirada de tristeza y desolación absoluta.
_¿Realmente deseas marcharte, niña? Puedo hablar con las autoridades, y procurar
justicia para ti…
_Necesito hacerlo. Ya no creo en la justicia de los hombres. Mi propia madre me dio
la espalda, cuando tuvo la oportunidad de frenar esta locura. Quiero recomenzar.
´´Lo que quedaba de mi viejo yo, Macarena, lo dejo con usted en los frascos y la
figura de cerámica. Espero que al cambiar de nombre, en algún sitio lejano, como
mayor de edad, con los documentos que me procuró Aurora, pueda resurgir de mis
cenizas. Una parte muy grande de mí ha muerto en mi interior.
Los ojos de la muchacha estaban llenos de lágrimas. Me sentí impotente. Solo atiné a abrir un cajón de mi escritorio, y ofrecerle un dinero, que, si bien no me sobraba en lo absoluto, a ella le haría más falta.
Lo recibió avergonzada. Luego me abrazó, hizo lo propio con Tristán y Aurora, al salir de mi oficina, y se marchó, con su disfraz de muchachito, dejando para mi colección los restos mutilados de sus funestos padres, y la cerámica de los monos sabios con su ambiguo mensaje.
Tendría que batallar mucho para que las sórdidas almas de la pareja hallaran el descanso eterno. El crimen que los unía, era prácticamente, bajo mi perspectiva, imperdonable.
No me corresponde a mí juzgar, pero no puedo evitarlo…
Amigos: jamás seamos ´´monos sabios´´. Si somos testigos de cualquier injusticia o aberración, debemos obrar en consecuencia. El silencio nos transforma en cómplices de un crimen, fuere cual fuere su naturaleza.
Los invito una vez más a acompañarme en una visita por La Morgue. Según como lo vean, puede ser la entrada a un mundo de pesadillas, o una valiosa enseñanza.
Los espero.
sábado, 22 de mayo de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- LA BATALLA FINAL (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
LA BATALLA FINAL (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Hola, mis amigos. Hubiera querido no tener que contarles lo que les voy a relatar.
La semana pasada, luego de oficiar un velatorio especialmente penoso, pues era de un querido amigo, mi ayudante, Tristán, captó al mismo tiempo que mi amada Aurora un oscurecimiento total de la piedra que tengo como prendedor. Corrí a ver la mayor, que también lucía negra como el carbón.
La llegada de mi medio hermano Velasco era un hecho.
Nos preparamos espiritual y psicológicamente a enfrentar al mal en su mayor exponente.
Como si mis puertas de alta seguridad fueran de mantequilla, entró el corrupto, asombrándome con su rostro y porte: era una copia casi idéntica de mi persona.
Con él había una bella mujer, de mirada dura y feroz: su madre, Samanta.
Y el tercer visitante hizo que se me secara la boca del espanto: ¡mi propio padre, regresado de la muerte, con la terrible estampa que puede ofrecer un estado de descomposición avanzada!
Comprendí al instante que ese zombi no era mi progenitor, sino un ser conformado por su cuerpo, sacado de la tumba con magia negra, y animado como un títere por Velasco y su madre para lograr en mí un golpe de efecto.
_ ¡Por fin toda la familia unida! ¿Cómo está mi pequeño hermanito? ¿Acaso te sientes
protegido al estar con Tristán y Aurora? ¡Nada más falso! ¡Solo facilitas mi trabajo!
_Ya basta de juegos. Terminemos con esto lo antes posible.
Impusimos los tres nuestras manos, intentando crear un campo de fuerza para repeler a los malvados.
Velasco y su madre rieron a carcajadas. El zombi de mi padre sonrió mostrando el horror putrefacto de su boca plagada de gusanos.
_No te esfuerces tanto, hermanito. No hemos venido solos. Trajimos más invitados a
la fiesta.
De pronto se materializaron cientos de espíritus de los que no habían alcanzado la luz del descanso eterno, emanando la oscura aura macabra del dominio que mi medio hermano tenía sobre ellos.
Los espectros, horrorosos sus rostros sufrientes, de muecas del terrible dolor o culpa con que habían fallecido y caído en las garras crueles de Velasco, nos apresaron formando un capullo de energía nefasta alrededor de cada uno de nosotros, inmovilizándonos, y sumiéndonos en la agonía colectiva de su eterno sufrimiento y desdicha.
_ ¿Viste que no era tan fácil, Edgard? Te di la oportunidad de evitarte el horror que les
espera de ahora en más. Con mamá y papá tenemos la energía suficiente para
transformar en esclavos abyectos a Tristán y Aurora. Sus dones serán usados para
subyugar al mundo a nuestro antojo. Y tu amada tendrá un lugar de honor en mi cama,
para darme una selecta progenie, algo que tú jamás disfrutarás.
´´Porque a ti te espera algo más terrible aún: para agenciarme con tus poderes, debo
matarte de una forma lenta y dolorosa.
´´¿Qué te parece la perspectiva de ser despellejado vivo, mientras devoro tu don,
segundo a segundo de tu sufrimiento, que durará horas? Sé que eres resistente, y
cuando flaqueen tus fuerzas, te daré yo la energía para seguir vivo soportando el
tormento. La idea es divertirnos por lo menos dos días. Me aseguraré de que lo
aguantes. Tus amigos serán espectadores selectos del espectáculo, y cuando concluya,
tendré tanto poder, que el mundo caerá ante mis caprichos.
´´Lo más divertido será tomar tu lugar. Robaré tu vida. Me haré cargo de la funeraria,
agenciándome de todas las almas de este pueblo. Todos te verán como un malvado, y
te recordarán así. Nadie sabrá que estás muerto, y que otro ocupa tu lugar.
Velasco sacó de mi propia caja fuerte una daga curva que me había dejado mi padre.
Mientras el zombi y Samanta extendían sus manos sobre Tristán y Aurora para debilitarles la mente y esclavizarlos, vi a Velasco acercarse hacia mí, entre la bruma traslúcida de espíritus que me inmovilizaban, con su arma en mano.
Primero me desnudó, y se tomó el tiempo de observar concienzudamente mi cuerpo indefenso, eligiendo el lugar por dónde comenzar su maléfico tormento.
Comenzó a aplicar la afiladísima hoja sobre la piel de mi brazo izquierdo, a la altura del hombro, arrancando lentamente un gran pedazo.
Hice todo el esfuerzo del que fui capaz para no gritar. Sentía la lucha de mis amigos para tratar de liberarse y ayudarme, y la angustia que les causaba mi dolor, que se volvió tan intenso, que no pude evitar, casi al borde del desmayo, expulsar un alarido desesperado, a la vez que mi hermano sonreía, absorbiendo mi don desde su aura maléfica. Ya estaba por perder la consciencia. No podía tolerar semejante tortura.
Velasco lo vio, y para evitar que el desvanecimiento me privara de sufrir, me envió una dosis de energía que me impidió desmayarme.
Pese a mi extremo sufrimiento, mi mente se clarificó intensamente.
Velasco se entretenía cortando lentamente mi carne indefensa, gozando mi dolor, y ´´tragando´´ golosamente mi poder.
En vez de gritar nuevamente o suplicar clemencia, alcé mi voz, que sonó como un trueno clamoroso:
_ ¡Espíritus dolientes! ¡No están obligados a ser esclavos de este malvado, sufriendo
las miserias terrenales por toda la eternidad! ¡Libérennos, y yo les prometo el ascenso
hacia la luz de la misericordiosa paz!
Los espectros se agitaron, como saliendo de un letargo pesado, observándose entre ellos con gestos de duda, y una pequeña cuota de esperanza.
_ ¡Maldito mentiroso! - Velasco estaba furioso, y mientras vociferaba, me arrancó un
extenso pedazo de piel. - ¡No lo escuchen! ¡Ustedes son mis soldados, y formarán
parte de mi gloria durante mi reinado! ¡Les ofrezco ser protagonistas de mi triunfo!
¡Él no puede liberarlos! ¡Y menos aún en el estado en que se encuentra ahora!
_ ¡Almas cautivas! ¡Aún en mi momento de mayor dolor y sufrimiento, solo necesito
de su voluntad para que accedan a la caritativa calma de la luminosidad del plano
celestial! ¡Si de verdad lo desean, serán perdonadas sus culpas y errores, y este ser
abominable dejará de ser su amo!
Los espíritus captaron mi energía, y la compararon con la de Velasco.
La gran mayoría de los espectros soltaron la sofocante trama que formaban alrededor de nuestros cuerpos. Solo unos cuantos, los que no tenían salvación continuaron con su sujeción.
Los que nos libraron, pasaron a encapsular a Velasco, Samanta y el patético zombi de mi pobre padre.
Ya sin la energía que me había enviado mi hermano para poder seguir sufriendo consciente, desangrándome, hice un esfuerzo sobrehumano para proseguir lúcido.
Tristán y Aurora, concentraron en mí sus poderes, y los entes que aún nos sujetaban, se deshicieron en cenizas, entrando en el inframundo, a purgar allí sus pecados.
_ ¡Asquerosos cerdos inmundos y traidores! ¡Suéltennos! ¡Somos sus amos!
_Ustedes ya no tendrán más amo que el Altísimo, en unos minutos.
Aurora impuso las manos sobre Samanta, tomando su insano poder, y la bella mujer se transformó en lo que era: una bruja horrible, milenaria, que fue secándose hasta verse como una momia espantosa que se hizo polvo mientras gritaba con chillidos infrahumanos, que parecían los graznidos de un ave de rapiña descomunal.
Tristán se encargó del zombi, que solo cayó al piso como lo que era, un muerto arrancado de su tumba, desprovisto de su vida ficticia, transfundiendo esa energía hacia mi ayudante.
Y yo, aun detestando el asesinato, me acerqué a Velasco, mientras tomaba su don, que huía de su cuerpo sujetado por las almas que esperaban ser salvadas.
_ ¡De nada te servirá matarme, asqueroso cordero abyecto! ¡Volveré del mismísimo
infierno con mi madre a reclamar lo que me pertenece! ¡Lo juro! ¡Nunca más
dormirás tranquilo por las noches! ¡Te odiooooooooo….!
_Pues precisamente esa es tu perdición, hermano.
Le arranqué la daga curva, y de una certera maniobra, cercené su cabeza, que cayó del vil cuello que la sostenía. Este esfuerzo me hubiera derrumbado, de no tener un deber pendiente por cumplir.
Nos alineamos con Tristán y Aurora, haciendo resonar en la noche una plegaria que fue liberando las almas otrora esclavas de mi maléfico medio hermano.
Parecía una fiesta de luces estelares. Miraba los rostros agradecidos, mientras nos saludaban ascendiendo entre chispas de energía positiva hacia la paz del descanso eterno.
Luego de ese maravilloso espectáculo, me desmayé.
Desperté con mi brazo vendado, en el que quedaría una cicatriz muy fea. Eso no me importaba. Al abrir los ojos, mis queridos Tristán y Aurora estaban velando por mí, sonriendo al notar que había despertado.
_Usé medicinas naturales para curar la mutilación, Edgard.
Espero que no te moleste que Tristán haya colocado el pedazo de piel que te arrancó
Velasco en los estantes de tu colección. Para nuestro asombro, le apareció un tatuaje:
un ojo solitario, como el de tu piedra y el cuaderno de tu padre. También tomó la
cabeza cortada, y la guardó en un frasco, junto a tus trofeos.
Solo pude sonreír, y abrazar a mis amigos amados.
Me espera un tiempo de convalecencia hasta recuperarme totalmente, pero me siento pleno, a salvo y feliz. Sé que es el momento indicado de comenzar mi familia.
Los invito a La Morgue a acompañarme en mi recuperación, y ver la cabeza de Velasco, idéntica a la mía flotando en un enorme frasco, tal y como lo merecía.
Buena semana, mis amigos.
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