viernes, 16 de julio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA - LAS ALMAS GEMELAS

Vino a visitarme el comisario Contreras, más pálido y ojeroso que de costumbre. Aunque el motivo formal de su presencia era para darme aviso de dos cuerpos que traería la morgue judicial en breve, en realidad, deseaba contarme la historia que había tras ellos. Días antes, Amira, una mujer madura muy hermosa, con cara de agotamiento, llegó a la comisaría para denunciar un crimen que había cometido. ´´_ Maté a mi esposo y a su amante, señor comisario. Si me da un tiempo, quiero dejar en claro que lo hice por cansancio espiritual ante las mentiras y el abuso de confianza de mi marido. No fue la infidelidad el móvil. ´´César me había engañado reiteradas veces, arguyendo que su interacción carnal con otras personas no interfería en nuestra relación, ya que yo era la única depositaria de su amor. Le planteé, entonces, que con ese argumento, yo tenía también derecho a acostarme con otros hombres. Me contestó que no: yo en él, decía, había hallado mi alma gemela, anhelo espiritual que iba más allá del amor. ´´Para ilustrarme sus disparates, citó a Platón, y a los seres duales que fueron separados, y de allí la búsqueda constante de encontrar a la ´mitad perdida´, mezclando las ideas del filósofo con el famoso ´hilo rojo´ que nos une con una persona en particular. ´´Y él, aunque me amaba hasta la adoración, no tenía completa esa parte espiritual faltante. Sus infidelidades eran, en realidad, una angustiosa e incesante búsqueda existencial para nivelar la energía cósmica que confluía en su persona incompleta. ´´Quizá por estúpida, o por quererlo demasiado, aguanté la humillación de ser una cornuda consciente, con cuernos filosóficos, pero cuernos al fin. Pero todo tiene un límite. El mío fue encontrar a César con mi propia madre en la cama. ´´Mamá era la primera en aconsejarme que le tuviera paciencia y comprensión a mi marido, que era terrible quedarse tan sola como ella, que abnegadamente renunció a conocer otros hombres después de enviudar, para dedicarse a mi crianza. ´´Siempre que me lo repetía, yo sentía hasta culpa de haber nacido y frustrarle la vida. ´´Será por eso que al verlos desnudos en mi propia cama, colapsé. ´´Tomé el palo de jockey, (deporte que adoraba, y abandoné instada por César), que había dejado tras la puerta, con la ilusión de retomarlo algún día, y con una fuerza que ni yo misma sabía que tenía, le pegué en la cabeza a ambos, pasados unos segundos, entre el asombro y el espanto. ´´Como quedaron inconscientes por el impacto, pensé en principio que estaban muertos. Hubiera sido lo mejor. Solo se encontraban desmayados. ´´En ese punto, mi mente se puso en modo automático: lo que recuerdo es como un sueño. O más bien una pesadilla. ´´Los até a ambos, espalda con espalda, y los amordacé. ´´Cuando salieron de su sopor, les dije que por fin habían encontrado a sus almas gemelas, y que podían empezar a celebrar, porque yo los uniría, como en el relato de los seres duales de Platón. Y que, de paso, intermediaría el hilo rojo del destino, que tan a menudo nombraba César en sus elocuentes monólogos de instrucción a mi ignorancia espiritual. Así que tomé una aguja de tapicería, curva, y una lana fina, pero muy resistente, y los cosí por la espalda, ignorando los aullidos de dolor amortiguados por las tiras de trapo que obstruían sus bocas mentirosas, errando algunas puntadas por la viscosa y cálida sangre que hacía mi trabajo difícil y resbaloso. ´´Quedó bastante prolija la costura, pese a las dificultades con mi material de trabajo. ´´Me tocaba darles el toque final: César me había hablado de la energía de un nirvana ardiente y placentero ante el encuentro del alma gemela. ´´Decidí recrearlo para completar mi obra. Bañé con combustible a la pareja reencontrada, que se retorcía de dolor y desesperación, y le arrojé un fósforo encendido. ´´Les di la espalda, tomé mi cartera, y me llegué hasta la comisaría. ´´Eso es todo lo que tengo para contar. El comisario, en ese punto, tragó saliva, relatando que Amira se desmayó, y que estaba ingresada en un centro de salud mental. Los efectivos policiales se llegaron a la vivienda del siniestro, corroborando un dato muy curioso: si bien el fuego había mutilado horriblemente a los cuerpos, no encendió ningún elemento de la vivienda, ni siquiera la ropa de cama, sumamente inflamable, donde Amira los había martirizado. Pero lo más sorprendente, y que no tiene explicación lógica, es que el hilo rojo no se quemó. Así que, terminadas las pericias forenses, el comisario, asombrado de que lo sacaran intacto de los cuerpos, lo retuvo, y me lo trajo, junto a la aguja enorme y curva que usó Amira para coser a los infieles. Los tengo ahora en una bandejita de plata, en los estantes de la colección. Cada tanto, comienza a sangrar y brillar, con una enfermiza luz escarlata. Pueden venir a verlo, acercándose a La Morgue, junto a las demás piezas, cada una con su particular historia. Quedan invitados. Y una cosa más: vaya a saber por qué, ya no hay infidelidades en el pueblo, ni se mencionan almas gemelas, ni hilos rojos del destino… Edgard, el coleccionista @NMarmor

jueves, 8 de julio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA - EL MONSTRUO DE HUMO

EDGARD, EL COLECCIONISTA EL MONSTRUO DE HUMO Recibí un correo de un colega de un pueblo vecino, donde una corporación instaló crematorios en las afueras, cerca de un asentamiento de gente de muy escasos recursos. Aldo me contaba que para despejar unos valiosos terrenos donde había un viejo cementerio, estaban desenterrando tumbas alocadamente, cremando los restos, para dejar el espacio disponible para construir allí un complejo habitacional. La población estaba indignada. En ese camposanto yacían restos de los ancestros de casi todos los habitantes, y las personas cercanas al crematorio padecían un aire cargado de hollín, que se pegaba hasta en los pulmones, generando malestares físicos y la repulsión de estar respirando aire cargado del humo de innumerables cuerpos cremados. No demostraban el mínimo respeto hacia los restos, que eran tratados como basura. Pese a que cada lápida indicaba su ocupante, palas mecánicas revolvían pedazos putrefactos de cuerpos agusanados, desmembrándolos, y mezclando sus huesos antes de despedazarlos, y meterlos en contenedores destinados al crematorio. Pero lo curioso ocurrió la tarde anterior, antes de desatarse una tormenta. En el cielo gris, el hollín que flotaba en el aire insano, formó una figura cuasi humana, con rasgos monstruosos. Cuando abrió su boca con dientes de humo negro, un trueno estalló, y un relámpago salió por ella como un grito de furia, seguido por un rayo, que pareció escupido por la silueta. Impactó en el crematorio, causando un derrumbe que aplastó a varios trabajadores. El resto se negó a seguir operando los hornos, causando la ira de los empresarios, a quienes les urgía desocupar el añoso y súper poblado cementerio para construir el millonario emprendimiento. Ante los reclamos de los operarios, la patronal reaccionó enviando una guardia privada de matones, que, a fuerza de violencia, obligó a los pobres hombres a seguir su amarga labor. Un grupo rebelde salió fuera del predio, y comenzó a pelear con palos y piedras con los represores. De un auto de lujo bajó el ideólogo del proyecto, hombre vinculado a la política, y con un megáfono, amenazó a los díscolos con tomar represalias contra los familiares si no acataban las órdenes dictadas. En ese momento, estalló un trueno extraño, ya que parecía un grito infrahumano. Todo el mundo levantó la vista al cielo, horrorizándose al ver el monstruo de hollín, encendidos sus ojos con un fuego iracundo. La criatura pareció fijar su irreal mirada ardiente en el líder abusivo, y con un bramido envuelto en el furor de la tormenta, le envió un rayo que lo atravesó, fulminándolo en el acto. La muchedumbre de ambos bandos quedó paralizada, atónita al observar cómo estallaba una lluvia furibunda, negra de hollín, bañándolos del inmundo tizne de las cenizas mojadas de cadáveres quemados. Me preguntó Aldo qué opinaba yo de la naturaleza del fenómeno, captado y viralizado. Él en particular, estaba atónito. Creo que el dolor, el odio, la injusticia, se materializaron con energías que corporizaron ese ente, voz de los muertos y los vivos sufrientes. Un grito primigenio de la tierra, si se quiere. Cuando terminé de analizar el caso, llegó un mensajero con un pequeño paquete que me enviaba Aldo: contenía un sobre con el extraño hollín que se desprendió del monstruo de humo. Al tocarla, me sobresalté sintiendo una desagradable electricidad y desasosiego, con la imagen del ente al cerrar unos segundos los ojos. Pude visualizar brevemente el fuego en la mirada de la criatura. Me dio la sensación de que su enojo no estaba calmado. Y no creo que se aplaque hasta que cesen los negociados en los que se involucran el feroz materialismo y consumismo por sobre la espiritualidad, y el recuerdo amoroso de los seres queridos. Las hábiles manos de Tristán, mi ayudante y amigo, tallaron un pequeño ataúd donde guardé las cenizas vibrantes de ondas inquietas, intranquilas, para que descansen en las estanterías de mi colección. Más allá de los rituales que rodean a la muerte, se debe valorar con respeto los recuerdos que guardamos de quienes partieron. Demasiado triste es despedir a los seres queridos, como para ver violar sus lugares de descanso en manos de despiadados buitres sin escrúpulos. Si se acercan a visitarme a La Morgue, podrán ver el féretro en miniatura vibrar sobre su estante, como si dentro de él se desatara una tormenta, en donde la primitiva fuerza del amor se enfrenta al materialismo despiadado. Los espero, como siempre. Edgard, el coleccionista @NMarmor

sábado, 3 de julio de 2021

#findesemanadeletras #sábadoparca EL MOMENTO JUSTO

#findesemanadeletras #sábadoparca El momento justo Salí, como hago habitualmente cuando tengo insomnio, a patear las calles del barrio. A la madrugada, es un mundo diferente. Hay unos pocos charcos de luz, de los faroles que vaya a saber por qué no destruyeron los pibes que los usan de tiro al blanco, bajo la impávida mirada de adultos que los ignoran, con la sapiencia de la infinita crueldad que pueden atesorar chicos tan jovencitos. Tuve la maldita idea de sacar cuentas sobre la plata que debo. Las matemáticas no fallan: no tengo forma de pagar. Yo lo sabía, pero la confirmación, gritando desde la tinta sobre el papel blanco del cuaderno, me impidió conciliar el sueño, ese paraíso cada vez más esquivo. Ya no me hacían efecto las pastillas que antes me rescataban de la realidad. No existen diazepinas o bensodiazepinas que me duerman, sin importar la dosis. Y el alcohol, aparte de enfermarme, me despabila en un estado de imbecilidad ebria que detesto. Absorto en mis malsanos pensamientos, estaba por cruzar la calle sin mirar. De no ser por una fuerza brutal que me tomó del cuello de la campera cerrada, y me arrastró fuera de la calle, el auto que pasó como un bólido me hubiera atropellado con seguridad. Con el corazón latiéndome hasta en los oídos, me di vuelta para ver a mi salvador. Me topo con un tipo mal afeitado, demacrado, vestido de negro, con una gorra encasquetada sosteniéndole en orden un pelo larguísimo, negro y plateado. _ ¡Mil gracias! Si no me pegás ese tirón, esta no la contaba… _ Lo que pasa, Alfredo, que este no era tu momento. _ ¿Nos conocemos? No te recuerdo… _ Te va a sonar raro, pero soy tu ángel de la guarda. _ ¡No jodas! ¿Quién sos? El tipo suspiró fastidiado. _ Solo para que me creas, te voy a tirar un dato que nadie más que vos conoce. Cuando tenías doce años, le afanaste a tu vieja guita de la cartera para comprar puchos. Yo le puse a tu papá en la cabeza la idea de comprarle flores ese día, con lo cual se distrajo, y te salvaste de una paliza colosal. Pero el miedo a su mirada furiosa cuando revisó su plata, te llevó a no robar nunca en tu vida. _ ¡Es cierto! ¡Todavía me acuerdo del susto! Pero… ¿con esa pinta sos un ángel? _ No me digas que esperabas un querubín rubio, gordito, con alitas y aureola… Me sonrojé. Realmente esperaba eso. _ Bueno, al menos creía que los ángeles eran facheros. Sin ofender… _ Cuando te toca cuidar a alguien que vive en problemas todo el tiempo, te deteriorás. Todo un suplicio ayudarte, carajo. Apenas salís de una, te metés en otra. Nunca me has dado un respiro de tiempo libre. Tenías que andar siempre en quilombos… _ ¿Y vos me salvaste todas esas veces? _ Así es. En esta oportunidad se me permitió presentarme ante vos. Y, por cierto, no podía permitir que te atropellara el auto. No era tu momento. _ ¡Gracias, viejo! ¿Cómo puedo agradecerte? _ No hay nada que agradecer. Es el laburo que me tocó. Y me gusta hacerlo bien. Caminemos juntos un par de cuadras. _ Por allí está muy oscuro. Y me parece que hay un grupo de tipos…No se ven amigables, precisamente. _ ¿Acaso no estás con tu ángel de la guarda? ¿De qué tenés miedo? _ Es cierto. Vamos. No bien nos acercamos, descubrí la fea jeta con cicatrices del tipo al que le debía un toco de guita por unas apuestas. Se me heló la sangre. Me reconoció al toque. _ ¡Pero miren a quién nos venimos a encontrar, muchachos! ¡Alfredito, tanto esquivar el bulto, y me venís a buscar por la calle a la madrugada! Habrás traído el monto más los intereses, me imagino… _ ¡Ángel, sácame de ésta, por favor! _ ¡Este idiota se hace el loco, hablándole a su amigo invisible, muchachos! ¿Les parece que puedo permitir que se me cague de risa en la cara? _ ¡Nooooooo! - Contestaron los demás malandras a coro, sacando al unísono sus navajas automáticas. Sentí el primer puntazo en las tripas, seguido de múltiples estallidos de dolor espantoso en todo el cuerpo. Miré al ángel, con ojos implorantes. El con una mueca algo sarcástica, se encogió de hombros y me dijo: _ Ahora sí es tu momento, Alfredo. Se dio vuelta. Siguió andando, con un flaco de toga, con una guadaña. Fue lo último que vi antes de desangrarme como un chancho en el matadero.

jueves, 1 de julio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA- EL ROMPECABEZAS

EDGARD, EL COLECCIONISTA EL ROMPECABEZAS Vino a visitarme Mercedes, una mujer cuyo marido estaba denunciado como extraviado. La historia que me contó, junto con una petición, fue bastante perturbadora. _Acá tengo los ahorros de toda mi vida, para cumplir con la última petición de mi esposo, Gregorio. ´´Él era infiel, y yo lo sabía. No me importaba mucho, a esas alturas, pero lo que deseaba con toda mi alma era tener un bebé. ´´Se negaba con las excusas más variopintas. Yo tenía colocado un DIU, a pedido suyo. ´´Como me venía engañando hacía años, no tuve reparos en hacerle trampa también: Me hice sacar el dispositivo, y casi inmediatamente, quedé embarazada. ´´Las malas lenguas, que nunca faltan, me informaron que su actual amante estaba esperando mellizos de Gregorio. Me indigné absolutamente. Tanto tiempo privándome de la posibilidad de ser madre, y él haciendo hijos por ahí. ´´Con mucha ira en mi interior, le conté de mi embarazo. ´´El miserable se enfureció y me levantó la mano. Tomándome del pelo me dijo que me practicara un aborto, que nunca se haría cargo de un niño con mis genes de bruja. ´´Con una helada calma, le dije que sí, que buscaba la cartera, y me ocuparía de eso. ´´Lo que busqué fue un hacha entre sus herramientas. Debería haberle sacado una foto: impagable la expresión de pavor y sorpresa en su miserable cara. ´´No sé de donde me salieron fuerzas, pero el punto es que, con cada golpe de hacha, le hacía volar un pedazo cercenado de su cuerpo. Gritó como un cerdo en el matadero, pero nadie indagó nada, acostumbrados los vecinos a nuestras discusiones constantes. ´´Cuando finalmente colapsó, la habitación parecía un matadero. Hasta en el techo había sangre y pedazos de carne pegados, colgando. ´´No terminó allí mi furia. Lo seguí cortando en trocitos, y los puse en una carretilla de albañil. ´´Hice el recorrido por todas las casas de las amantes que había tenido durante nuestro horrible matrimonio, y dejé un pedazo de él en las puertas de cada una. ´´Hablé con el ex marido de una de estas señoras. Es abogado penalista, y me aseguró que, si confesaba, lograría que caratularan mi accionar como emoción violenta, más aún porque Gregorio me engañaba, y me quería obligar a abortar. Mi abogado es el esposo de la mujer que espera mellizos. La dejó no bien comunicó las ´´buenas nuevas´´ al marido: el hombre tenía hecha una vasectomía, lo que nunca comentó. ´´Sé que tomará la defensa muy en serio. Lo ve como una forma de venganza, y yo no tendría problemas de ir a la cárcel, con la enorme satisfacción de haber carneado a ese malnacido, pero quiero que mi bebé tenga una vida plena y normal, disfrutando del amor de su madre. ´´Aclarado esto, voy al punto de lo que me importa: el imbécil de Gregorio creía que para descansar en paz deseaba un velatorio con toda pompa. Siempre que salía el tema de la muerte, repetía eso. ´´Ya se me fue el odio que cargaba encima por su egoísmo y maldad. Quiero cumplir su último deseo. ´´No va a ser fácil, Edgard. Tendrá que armar a Gregorio como a un rompecabezas de carne y hueso, y esmerarse si falta algún pedacito. Estaba cegada por la ira cuando lo trocé. Confío en su reputación. El comisario me espera afuera. Le conté todo, así que me envió con usted, antes de comenzar mi prisión domiciliaria. ´´Me dijo que es un artista en el tema. Confío totalmente en su pericia. ´´Pido disculpas de antemano. Cuando junten todos los trozos de Gregorio, se los traerán para que lo ensamble, y sus innumerables ´´viudas´´ lo despidan. ´´Me pidió el comisario que le diga que una vez concluidos los peritajes forenses, le traería el hacha para su colección, ya que al confesar yo, el caso está más que claro. No bien terminó su elocución, y me entregó el dinero, se retiró luego de darme un apretón cordial de manos. Se la veía muy feliz, tranquila y realizada. En unas horas me traerán el rompecabezas humano, y el hacha, que tendrá un lugar en los estantes de mi querida colección. Nunca, amigos, se metan con los sentimientos de una madre. Pueden tolerar muchas cosas, pero jamás dejarán que lastimen a sus hijos. Gregorio lo aprendió de muy mala manera… Quedan cordialmente invitados a La Morgue, si quieren ver cómo me las arreglo para componer el cadáver destrozado, y escuchar las historias de mi colección.

sábado, 26 de junio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA- RATAS

EDGARD, EL COLECCIONISTA RATAS Vino el comisario Contreras acompañando a la ambulancia forense. Me traía un difunto, y parecía muy afligido, por lo que le invité a tomar un café, junto con Tristán, mi ayudante. _Me pone muy triste lo que ocurrió. La fallecida es doña Ofelia. La conozco desde niño. Una mujer muy buena y dulce. ´´Vino la señora Ordoñez, dueña de la mansión donde trabajaba Ofelia como cocinera, con una denuncia en su contra. La mujer había perdido hace poco a su pequeña hija, y dudando de la supuesta muerte natural de la niña, acusó a la Ofelia de envenenarla. ´´Basaba su acusación en haber encontrado en el cuarto de la cocinera un gran lote de veneno para ratas. ´´No me pareció justificación suficiente como para fundamentar su acusación, pero la rica y poderosa mujer tiene contactos, y de inmediato me llamaron superiores para investigar el caso, y detener a Ofelia. ´´Me dio vergüenza proceder. Le pedí disculpas a la señora, diciéndole que solo estaría demorada unas horas, hasta que se aclarara el malentendido. ´´Cuándo le pregunté el porqué del veneno entre sus pertenencias, me contó que Jorgelina, la niñita fallecida, se quejaba de la presencia de ratas en el sótano, donde le encantaba jugar, pese a la prohibición de su madre de ingresar al recinto. ´´Ofelia la consentía en todo, ya que la mamá no le brindaba atención suficiente. ´´Decidió esconder la compra, para exterminar los roedores que asustaban a la niña a escondidas de su patrona. ´´Yo le creí. El tema es que la denuncia estaba tomada, y tendría que aguardar hasta la exhumación y autopsia de Jorgelina, para liberar a Ofelia de la prisión. ´´Busqué un abogado que procediera para lograr prisión domiciliaria de la cocinera, a quien consideraba inocente de todo delito, pero fue muy tarde. ´´No sé cómo logró las fuerzas para hacerlo, pero Ofelia rasgó su humilde vestido, y fabricó una cuerda, de la que se colgó, dejando en la pared de su celda un mensaje: ´Soy inocente, pero la vida sin mi querida niñita no tiene sentido. Revisen el sótano´ Los forenses retuvieron el cuerpo, por protocolo. ´´Esperé el informe de la autopsia de la niña. Tal como lo sospechaba, la pequeña había muerto a causa de un fallo cardíaco por una enfermedad congénita que no se detectó nunca. ´´No dudé en conseguir una orden de registro. Lo logré pese a las presiones de accionar contra la poderosa mujer. ´´Para mi sorpresa, la Ordoñez no mostró la más mínima resistencia al control. Se la veía derrotada. ´´Ella misma nos indicó donde buscar. Tiramos abajo un muro que escondía un viejo armario empotrado en la pared. Dentro de él, estaban los restos de un neonato, momificado. ´´La mujer, dejando escapar una lágrima solitaria. ´´Nos contó que el niño era fruto de relaciones extramaritales con un joven de color. ´´El marido se ausentaba largas temporadas por viaje de negocios. Ella llevó el embarazo con miedo y angustia, ya que no sabía de quién era el bebé. ´´La suerte le jugó a favor, ya que el parto se adelantó, y tuvo al niño antes del regreso del esposo, corroborando que la criatura era de color. ´´Comprando la voluntad de la comadrona que la asistió en la casa, pidió que la dejaran sola. Asfixió al pobre niño con la almohada, y valiéndose de sus contactos, falsificó un certificado de nacimiento y defunción. ´´Le comunicó al marido la ´terrible noticia´ de que el hijo que esperaban nació muerto, rogándole no mencionar el tema, porque estaba muy choqueada por los hechos, y temía terminar con una depresión al remover la herida. ´´El buen hombre, con mucha tristeza, respetó su voluntad, ignorando la terrible verdad escondida. ´´Luego, con el nacimiento de Jorgelina, casi se olvidó de su horrible crimen. ´´Su marido la dejó viuda al poco tiempo de nacer su hija, y la mujer le tomó fobia a la niña, por su obsesiva costumbre de bajar al sótano ´para jugar con su hermanito´. ´´Absolutamente espantada y llena de remordimientos y rencor, al tener alguien que le recordaba sus abyectos actos, le prohibió a la pequeña entrar allí, y tomó distancia de ella, dejando que se criara bajo la tutela y el amor de Ofelia. ´´Creyendo que todos eran capaces de maldades tan oscuras como ella, se obsesionó con la idea de que la cocinera había envenenado a su hija, quizá como una venganza del destino. ´´Actualmente, la Ordoñez está presa, y por lo que intuyo, dispuesta a pagar sus culpas, luego de tantos años de impunidad. Prefirió en su momento matar a su bebé para no perder un matrimonio de interés con un proveedor generoso, antes que enfrentar su infidelidad, delatada por el color de piel de su niñito. ´´He organizado una colecta para que se le dé a Ofelia una despedida más que digna. ´´Al menos, se merece esto. Sé que ustedes hallarán el modo de que la pobre mujer tenga un descanso pacífico. No acepté el dinero. Pedí que se donara para instituciones benéficas, en nombre de Ofelia. No bien comenzamos a preparar el velatorio, al acercarnos al cuerpo, apareció su espíritu, con un gesto de aflicción, tocándose el pecho. Hice una incisión en el pecho del cadáver, y extraje una rata disecada mordiendo el corazón de la difunta. Era la materialización del dolor que tenía por haber perdido a su amada niña, y para colmo de males, acusada posteriormente de su muerte. Con Tristán impusimos nuestras manos frente al espectro, transmitiendo con mucho amor que pronto se encontraría con su niña, y que todos sabían de su inocencia. Se le distendió el rostro, deformado por la amargura, transformado con un gesto de liberación. Nos saludó antes de marchar hacia la luz, en pos de su reencuentro, absolutamente en paz. Pudimos proseguir, satisfechos, con el velorio de Ofelia. La rata está en uno de los frascos de mi colección, recordando las abyectas acciones de quienes prefieren satisfacer sus necesidades y placeres, aún a costa de un crimen, y mantener años y años mentiras horribles. Créanme, mis amigos: tarde o temprano, la verdad nos alcanza, y nos aplasta con el poder de una justicia que va más allá de la humana. Los espero en La Morgue, como cada semana. Y si llegan acá por otras causas, traten de blanquear antes secretos oscuros y mentiras. Sé muy bien por qué se los digo… Edgard, el coleccionista @NMarmor

sábado, 19 de junio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA - UN PARTIDO SANGRIENTO

EDGARD, EL COLECCIONISTA UN PARTIDO SANGRIENTO El comisario Contreras me vino a avisar que tendría, a la brevedad, muchísimo trabajo. Lo sabía. Había visto las funestas noticias. Nuestro pueblito, como casi todos los del mundo, tenía una tonta rivalidad con el pueblo vecino. Siempre se estaba compitiendo por cosas frívolas: quién tenía la muchacha más bella, el hombre más fuerte, (también la muchacha más fuerte y el hombre más bello), los mejores paisajes, las comidas más ricas, la resistencia alcohólica más sólida…en fin. La historia era interminable. Así que los intendentes de nuestro pueblo, y el rival, tomaron la decisión de promover eventos culturales, artísticos y deportivos, donde se divulgara la participación y la sana competencia. Fue una idea muy buena, en principio. Todos los comerciantes, incluido este servidor, aportamos donaciones para los premios y estadías durante las jornadas. Don Vicente, el profesor de gimnasia mítico, que había inculcado amor al deporte a varias generaciones de vecinos, con su fortaleza intacta, pese a sus años, se encargó de convocar una selección de jóvenes para que nos representara en los torneos futbolísticos que se llevarían a cabo en el marco de las acciones comunales. Vicente se entregó en alma y vida a enseñarle a los muchachos elegidos, no solo técnicas de juego, sino también el concepto de nobleza, caballerosidad y empatía, sin el cual, decía, el deporte no tenía sentido. Los chicos absorbían como esponjas sus conceptos, entrenando con alegría y orgullo. Hasta donde yo sé, el joven director técnico rival hizo lo mismo con sus alumnos, generando un clima sano y positivo. Quiso la desgracia que unos degenerados vejaran y mataran a dos chicas. Tanto las víctimas como los asesinos integraban como habitantes las dos comunas: ambas tenían el dolor de las pérdidas, y la mancha de los perversos. El mal humor de la gente, las habladurías y pullas fueron in crescendo, al margen de que se apresaron a los malvados de ambos lares, para ser juzgados con todo el rigor de la ley. El día del partido inicial entre nuestro equipo, y el rival, había un ambiente nefasto. Se respiraba en el aire un aura de odio abyecto. Mi amada Aurora estaba pálida, descompuesta. Tristán, mi ayudante, se mostraba nervioso y atemorizado. Yo mismo, que en principio iba a asistir al juego, sentía una rara opresión en el pecho, y decidí cerrar muy bien las puertas de mi casa y la funeraria, y quedarme con los míos. Los muchachos comenzaron a jugar en una cancha del pueblo acondicionada especialmente para la ocasión. El césped relucía. Los arcos estaban recién pintados, con redes flamantes. Las gradas, donadas por madereras, se veían hermosas y cómodas. Pero el malestar que había en el aire afeaba el encuentro. Los chicos iniciaron el primer tiempo con los valores aprendidos durante el entrenamiento: deporte limpio, y diversión sana. El público de ambos bandos comenzó a insultarlos, e incentivarlos con las más groseras frases, y un odio que los torturó durante los primeros minutos. La transformación de los atletas, si bien fue sutil en principio, se hizo claramente notoria ante los asistentes, que ya no celebraban avances deportivos, sino, faltas y actos violentos en el juego. El réferi, alarmado por la agresividad sin sentido de los chicos, los amonestó, sacando tarjeta roja para los capitanes, que fueron expulsados. Esta acción, más que justa, desató la masacre. De ambas tribunas llovieron piedras sobre el pobre hombre, que cayó, ensangrentado, al recibir muchas en la cabeza. Fue el comienzo de una lucha enloquecida, dentro y fuera de la cancha. Aparecieron, vaya a saber cómo, toda clase de objetos punzantes, con los que la concurrencia se atacaba, en una vorágine de violencia sin límite. El césped se tiñó de un rojo intenso. La lucha alcanzó un pico de ferocidad espantosa. Vicente, y Aníbal, el joven entrenador del otro pueblo, consiguieron huir a duras penas para buscar apoyo de la policía, ya que el único agente que estaba presente en el evento, yacía muerto, con los sesos esparcidos en el suelo. Intentaron, vanamente, calmar los ánimos de sus alumnos, y parar el partido, pero, según sus posteriores declaraciones, todos parecían poseídos por una fuerza maligna. Las miradas de la gente, tenían un extraño brillo rojizo, como si en el fondo de sus miradas ardieran llamas, que quemándoles alma y consciencia, los privara del más elemental raciocinio. Cuando por fin llegaron las fuerzas policiales, la gente estaba calmada, con cara de salir de una larga pesadilla, sin entender qué había sucedido, pese a las armas y la sangre que los embadurnaba de pies a cabeza. Incontables cadáveres yacían en todo el predio, en las poses más abominables, con gestos de horror y odio funestos. Pese a las investigaciones posteriores, y las declaraciones de los implicados, tanto los muchachos que jugaron, como el público, afirman haber sentido, en un momento en que recordaron los crímenes de las chicas violadas, la sensación de un ´´ardor helado´´ en el pecho y la cabeza, y juraron no recordar nada más, hasta que llegó la policía y los encontró, mirando incrédulos a los muertos mutilados y eviscerados, entre los cuales había amigos y vecinos, casi irreconocibles por su estado. Contreras, también confundido y asustado, me trajo la pelota manchada de sangre que hoy forma parte de mi colección. Es un amargo recordatorio de que las rivalidades estúpidas y los malos sentimientos, son una puerta de entrada al mal. ¿Será que, si todos los pueblos subyugados se unieran en un solo abrazo solidario y empático, expulsaríamos a los malvados invasores que aprovechan nuestras debilidades para empobrecernos y tenernos a sus pies? Les dejo este interrogante, mis amigos, con la sensación de que vivimos jugando un partido sangriento, que no tiene fin, para alimentar a las opresivas fuerzas del mal. Los invito a visitar La Morgue, y mirar mi colección. La pelota ensangrentada estará en primer plano, para que cada uno, saque sus propias conclusiones a respecto…. Edgard, el coleccionista @NMarmor

viernes, 11 de junio de 2021

EDGARD, EL COLECCIONISTA LÁGRIMAS DE PIEDRA Llegó Pedro a la funeraria, y con Tristán tuvimos algunos problemas para preparar su despedida. Como su deceso fue dudoso, pasó por manos forenses antes de llegar a nosotros, con una conclusión de muerte natural. La anormal rigidez del cadáver, pasadas las horas usuales en que se presenta el rigor mortis, nos complicaba una presentación al descubierto. Tenía los ojos y la boca muy abiertos, como si un grito silencioso cobrara fuerza ante el gesto torturado de su rostro, diríase tallado en roca. No quisimos fracturar la mandíbula. Y los párpados, aún con la costura más finamente ejecutada, nos hacía pensar que romperían el hilo más fuerte para mostrar esa última mirada de espanto. _¿Será, don Edgard, que nos querrá decir algo, el pobre Pedro? Como que lo siento en el pecho… _Si tú lo percibes, seguro así ha de ser. ¡Manifiéstate, viejo amigo! Desde una bruma gris, emergió el espectro del hombre, con un gesto de amargura, su imagen en blanco y negro, desprovista de colores. Sin demoras, impusimos nuestras manos, para dejar que fluyera su energía hacia nosotros. Vimos imágenes de Pedro siendo decepcionado una y otra vez por sus afectos. Descubriendo cómo quienes consideraba sus amigos se aprovechaban de él inescrupulosamente. Los parientes que defraudaron su confianza. Las terribles traiciones amorosas. Cuando al fin creyó encontrar la mujer de su vida, cómo ella lo dejó por su mejor compañero de trabajo. Visualizamos todos, y cada uno de los episodios que pesaron en su pecho como una lápida, y que jamás, por su carácter dulce y amable, expresó a su debido momento. Aguantó injurias, faltas de respeto y maldades del prójimo exponiendo la otra mejilla, a la espera de que las cosas cambiaran, y su suerte mejorara. Eso no ocurrió. Por eso, cuando la muerte lo sorprendió, asombrado al ver que abandonaba la vida sin un acto de contrición o arrepentimiento de sus pares, su cuerpo se contracturó, como volviéndose de piedra. _ ¡Pedro, no lo sabíamos! Haremos algo al respecto, créeme… Decidimos que sería un velatorio a cajón cerrado, aún en contra de su última voluntad a respecto, expresada en su seguro de sepelio. Cuando empezaron a llegar los deudos, miramos con Tristán sus rostros. Algunos mostraban vergüenza, otros, arrepentimiento, y había hasta algunos mal paridos que demostraban satisfacción: pensaban que algo les tocaría de sus bienes en el testamento. Al completarse la asistencia, les pedí un minuto para decir unas palabras. _ Antes que nada, cuento de ante mano con sus disculpas por lo que voy a manifestar. ´´Todos hemos conocido al buen hombre que hoy despedimos. Yo con mucho dolor, estando seguro de que se va una excelente y caritativa persona, que ayudó a muchos de los presentes. No es mi ánimo ni intención cargar a nadie de culpas, pero creo que muchos de los que se encuentran aquí, le deben una disculpa sincera, desde el alma. ´´Si les nace, les suplico que, al terminar mis palabras, nos tomemos un minuto, para decirle, con una mano en el corazón, lo que realmente sentimos por él. ´´Estoy convencido de que eso ayudará a que Pedro pueda marcharse en paz. Para mi total sorpresa, todos los asistentes bajaron su cabeza. Cerrando sus ojos, oraron en silencio. Hasta los que parecieron en primera instancia unos granujas, se conmovieron, sumándose a la oración general. Entonces, ocurrió algo impensable. Se abrió de golpe la tapa del ataúd. La concurrencia, al borde del colapso emocional, observó el rostro de Pedro, con una pacífica sonrisa, y vieron brotar de sus ojos lágrimas, que no bien salían, se volvían piedras al contacto con el aire. Las piedrecillas eran de todos los colores, como expresión de toda la gama de sentimientos que había reprimido y sufrido en vida. Para mitigar la tensión nerviosa, rayana en la histeria, que se desató, tuve que improvisar un discurso, donde expliqué que era normal que fallara el cierre del féretro, que tenía un resorte dañado, y que el fenómeno que habían presenciado, era totalmente natural. No sé si me creyeron, pero al menos no escaparon del estrafalario velatorio de pesadilla. Solo Tristán y yo vimos ascender, saludando mansamente, al espíritu del difunto. Tenía un semblante pacífico, y, al igual que sus lágrimas pétreas, era multicolor como un arco iris. Por supuesto, las lágrimas de piedra de mi buen amigo, están en un bello frasco de cristal, como un colorido símbolo del perdón y el arrepentimiento, que salva a las almas, y bendice a quienes lo reciben y lo dan. Nada mejor, amigos míos, que decir nuestras cosas en vida. Llevar siempre liviano el pecho. No todos los funerarios respetarán sus cuerpos como yo, sin quebrarlos si están con un anómalo rigor mortis… Los espero con mis historias y mi colección en La Morgue. Por cierto: bien relajados… Edgard, el coleccionista @NMarmor