sábado, 8 de mayo de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA - EL ÚLTIMO PACTO (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
EL ÚLTIMO PACTO (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Nos llamó la atención, a la hora de la cena la ausencia de mi fiel mastín, Cerbero, por lo que lo buscamos y llamamos sin resultado.
Aurora descubrió dónde se hallaba.
Clavado sobre una cruz invertida de madera, enterrada en mi jardín, estaba mi pobre compañero de tantos años. Lo habían degollado, luego de rajarle el vientre, de cuya rotura pendían sus intestinos.
Estábamos impactados más allá del espanto. Amaba a mi perro.
Tristán, mi ayudante, tuvo la entereza de acercarse para despegar la nota fijada en la parte superior de la cruz.
Era una carta de mi funesto medio hermano.
´´Pequeño hermanito: estoy seguro que este hallazgo te ha sorprendido de verdad. Te sientes tan poderoso y seguro, que no has verificado la piedra que te anuncia mi cercanía por su cambio de color.
´´Crees que porque te encuentras con Aurora y Tristán, están a salvo, con la garantía de sus poderes unidos. Ya ves que no es así: podrías ser tú mismo quien yaciera ahora pendiendo de una cruz.
´´Te voy a proponer, un último gesto de buena voluntad hacia ti. (Después de todo, compartimos la sangre de nuestro padre).
´´Piensa en esta posibilidad: unamos nuestros dones, y el mundo, tal y como lo conoces, cambiará absolutamente. Seremos amos y señores de un universo nuevo, diferente.
´´Sácate de encima ese dilema de ponderar el bien y el mal. Si existen, es porque son necesarios en el equilibrio cósmico, y lo nivelan. Que pases de uno a otro no causa ningún inconveniente, ya que ambos sirven al mismo propósito.
´´Si accedes, ambos tendremos descendencia con Aurora. Nuestros hijos serán indestructibles, y Tristán procreará con selectas aliadas mías, dotadas del don, y será nuestro primer ministro en el nuevo reinado, junto a mi madre, y otro aliado, cuya identidad me reservo, por ahora.
´´Capitanearías un ejército de almas desencarnadas, que obrarían esclavas de tu voluntad.
´´Si estás de acuerdo con el pacto, lo sellarás prendiendo fuego la cruz con tu perro.
Yo sabré captar en la energía de las llamas la veracidad de tus intenciones.
´´Si desistes de aliarte conmigo, te espera una muerte lenta y dolorosa.
´´Tu amigo Tristán será un títere torturado, para usar a mi gusto sus poderes, y tu bella Aurora, lo quiera o no, traerá al mundo a mis herederos, como esclava personal para usurpar su don a mi favor.
´´Esta es mi última muestra amigable de conciliación. Se me acaba el tiempo y la paciencia. Si no accedes, te arrepentirás amargamente. No cambiarás el curso de la nueva era que se avecina.
´´Espero la señal a medianoche.
Tristán y Aurora me abrazaron. Me caían lágrimas de tristeza y odio, lo cual me desagradaba profundamente: el odio es un sentimiento indigno, bajo.
Le quité a Cerbero su collar, que relumbró con la energía del amor y la lealtad que me tuvo siempre.
Pasaría a mi colección como símbolo de la fidelidad incondicional y nobleza de los animales, brillando incandescente.
Luego, los tres hicimos una ronda alrededor de Cerbero en su cruz, con las manos unidas, y oramos al unísono con una potencia emocional que hizo vibrar la tierra.
La nefasta cruz invertida se empezó a hundir, para darle acogida al entierro de mi perro, y una vez que desapareció de nuestra vista, elevamos la frecuencia, orientando el penar y repudio hacia mi medio hermano Velasco.
Un grito que solo nosotros oímos en nuestra mente, de desgarrada furia y dolor extremo, sonó de forma estremecedora. Nuestra letanía lo estaba torturando intensamente, como él había mortificado a mi pobre perro.
De pronto, cayó un rayo del cielo preñado de nubes deformes sobre la tumba de Cerbero, y al caer las primeras gotas de lluvia, súbitas y violentas, deshicimos nuestra ronda, y entramos a la casa.
Ya solo nos queda esperar el encuentro que definirá mi fin o mi salvación.
No habrá más provocaciones. Será una lucha donde alguien saldrá sin vida.
Los espero en La Morgue, próximo escenario de un duelo mortal.
viernes, 30 de abril de 2021
EDGARD EL COLECCIONISTA - EL DESPERTAR DE LAS BESTIAS (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
EL DESPERTAR DE LAS BESTIAS (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Como mi malvado medio hermano, Velasco, había prometido atacarme no solo a mí, sino a mi ayudante, Tristán, y a mi amada Aurora, decidimos buscarla para que estuviera más segura.
Nada de gracia le hizo tener que dejar, aunque solo fuera por un tiempo, su querida tierra, con la vista de las sierras, los ríos y la naturaleza.
No bien llegamos, Aurora nos recibió muy agitada.
__Edgard: siento el mal rondando cerca. Es casi tangible.
Lamenté haber dejado el prendedor con la piedra que me anunciaba la presencia de Velasco en otra prenda, pero no cabían dudas. Tristán también lo percibía:
__Hay una energía maligna. Debemos apurarnos e irnos de aquí.
Pasamos a la casa de Aurora, para que ella tomara sus pertenencias, y marcharnos.
__Anoche, Edgard, Velasco se me presentó en un sueño. Es casi igual a ti.
´´Se diferencia en su mirada, cargada de maldad y odio. Me quiere para él. Desea procrear conmigo, para alimentar su poder. Tiene algunas facultades para controlar algunas fuerzas de la naturaleza, pero si se uniera a mí, su poder sería ilimitado.
__Intentó seducirme con retorcidos argumentos, prometiéndome coronarme como una reina de la oscuridad, y poner el mundo a mis pies.
´´Lo expulsé de mi mente con un golpe de energía fortísimo, de una forma que debió dolerle bastante, y debilitarlo por un buen rato, dejándolo frágil y confundido.
´´Eso lo enfureció. Me debe odiar intensamente, y no va a cejar en sus esfuerzos de doblegarme para que sea una pertenencia suya, y vengarse de mi agravio.
La rabia me atormentaba el pecho. Nos apresuramos a subir las cosas al coche, cuando de pronto sentimos un temblor en la tierra.
Del suelo se abrió un cráter, del que emergió una serpiente gigantesca, ciega, con la piel semejante a la de las babosas o caracoles, de intenso color negro, con unas enormes fauces con colmillos como agujas.
Antes de que pudiéramos reaccionar, siquiera, el bicho nos arrojó un coletazo que nos hizo caer desmadejadamente.
En tanto, del río cercano emergía un enorme pez horroroso, lleno de agujeros en el cuerpo, de donde asomaban peces pequeños, dando dentelladas al aire con sus filosos dientes carniceros. La abominación tenía unos enormes ojos como pelotas, rojos como una matanza. Se arrastraba hacia nosotros ayudándose con las aletas erizadas de espinas.
Un segundo coletazo de la serpiente, que intentaba mordernos, sin lograrlo por su carencia de ojos, nos sacudió dolorosamente.
Del cielo descendió un pajarraco del tamaño de un helicóptero, con dos deformes cabezas con picos larguísimos y curvos. Una de las testas de la horrenda ave parecía envuelta en llamas.
Aterrizó muy cerca nuestro.
__ ¡Impongamos ya nuestras manos!
Intentamos crear una barrera protectora contra las bestias que venían por nosotros.
Aurora, muy pálida, comenzó a temblar.
__ Tu hermano ha convocado a las bestias ancestrales dormidas, las de las pulsiones violentas, del mal de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego.
´´No nos quieren matar, solo reducirnos para que él nos aprese.
´´No voy a permitirlo.
Para nuestro absoluto asombro, Aurora lanzó un grito agudo, con un tono que no parecía venir de una garganta humana.
Las bestias parecieron titubear, y manifestar malestar y dolor.
El sonido atrajo a zorros, yaguaretés, perros salvajes, jabalíes, cóndores y buitres, que llegaron en tropel, atacando a los engendros con violencia brutal.
Las bestias sangraban una espesa resina verde, que se solidificaba en segundos, luego de recibir los ataques de los animales del bosque.
Lanzando unos gruñidos infernales, retrocedieron, volviendo por el lugar de donde habían llegado.
La tierra tembló nuevamente. El río se agitó como en una furiosa crecida, y el aire fue surcado por un viento anormalmente caliente.
__Creo que por ahora estamos a salvo. Pero una persona que es capaz de invocar a las bestias guardianas de la naturaleza, tiene un poder inmenso, y no se rendirá hasta salirse con la suya.
´´Ahora sabes la fisonomía de tu medio hermano. Cuando se te presente, (no falta mucho para ello), será como verte a ti mismo, en tu versión oscura.
´´Pretende esclavizar a Tristán y usar su gran don para hacer mucho daño.
´´Ya te dije que desea que sea su pareja, para diseminar su malvada simiente.
´´Y a ti, Edgard, te torturará de una forma monstruosa, para arrancarte con dolor tus poderes, y que tengan más fuerza maligna.
__Marchémonos de aquí. Leeremos juntos el cuaderno de mi padre, y encontraremos las armas adecuadas para luchar con él.
Junté los trozos de resina verde, la sangre de las bestias ancestrales de los elementos, para mi querida colección, y nos marchamos rápidamente.
Tengo que idear la forma de eliminar a Velasco, pues de no ser así, podría transformar
el mundo en un lugar mil veces peor de lo que es ahora. Se apoderaría de los objetos de mi colección, transformándolos en talismanes del mal, invirtiendo su polaridad de su naturaleza bienhechora.
La guerra está declarada. Debo ganarla a todo coste.
Confieso que deseo que termine pronto, porque ansío formar una familia con Aurora.
Espero que el amor sea más fuerte que la maldad, el odio y las ansias desmedidas de poder.
Los invito a La Morgue, que pronto se verá bastante agitada.
Creo que hasta los muertos querrán salir de sus tumbas…
Muy buena semana.
sábado, 24 de abril de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA -LAS LARVAS DE LA MUERTE (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
LAS LARVAS DE LA MUERTE (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Queridos amigos: a raíz de un episodio que me aconteció hace poco, quiero contarles sobre un escrito que encontré en el cuaderno de tapas negras de mi padre.
En él me explica que hay una gran cantidad de poderes.
El de mi amada Aurora, según lo que deduzco, está directamente relacionado a las fuerzas de la naturaleza.
El de Tristán, mi querido ayudante y amigo, está en sincronía con el que yo poseo, pero es más poderoso que el mío, ya que tiene condiciones de captar cosas que yo no puedo.
Mi don, hasta donde entiendo, tiene el propósito de encaminar las almas hacia el descanso eterno, y luchar contra las fuerzas que se opongan en ese proceso.
Quizá por eso, mi padre me explica un detalle que yo desconocía sobre el “desencarnar” de los espíritus.
Al morirnos, se desprende nuestra alma inmortal. Pegada a ella, existe una entidad energética parásita, que se alimenta de tristezas y obsesiones con los restos físicos de las personas.
Estas “cosas”, para quien tiene la capacidad de visualizarlas, tienen un aspecto de repugnantes larvas gigantescas, y se pegan a las personas que propician sus apetencias por el dolor y el morbo por la muerte, y contaminan sus vidas y hogares con malas energías, trayendo desdicha y miseria.
Mi padre me menciona que mi medio hermano me odia por mi capacidad de dar ascensión a las almas perdidas, que él anhela para transformarlas en elementos dañinos, en sus prácticas oscuras. No tiene muchos recursos para apresar espíritus, pero sí para controlar las inmundas larvas de la muerte, y manipularlas a gusto.
Hace unos días, tomábamos café con Tristán casi a la madrugada, habiendo terminado un velatorio.
Tristán me advirtió que mi prendedor de cristal estaba oscureciéndose, así que nos preparamos para otro ataque de mi malvado medio hermano, Velasco.
Cerbero, mi mastín, empezó a gemir lastimeramente, mientras olisqueaba la puerta que daba al jardín.
Escuchamos sonidos guturales, gruñidos, y pronto, la rotura de la puerta, que le dio paso a una horda de cadáveres en distintos estados de putrefacción, con las larvas que les referí anteriormente trepadas sobre sus cabezas descompuestas, como inmundas garrapatas.
Por lo que entendimos, tenían toda la intención de ingresar al salón donde tengo mi colección, y saquearla.
Impusimos nuestras manos ante el horrendo grupo, creando un débil campo de fuerza, que a duras penas los frenaba, mientras gruñían, pobres esclavos sin alma ni cerebro, títeres de mi nefasto hermano, desprendiendo pedazos de carne podrida en su lucha por cumplir su misión de esclavos.
—Edgard, trate de seguir conteniéndolos. Yo voy a intentar algo diferente.
Ante mi atónita mirada, Tristán se acercó a cada uno de los zombis. Desprendió con sus manos las larvas, y las aplastó entre sus dedos, salpicándose de un asqueroso líquido verde negruzco, que olía aún peor que los muertos, mientras gritaba a toda voz:
—¡Aquí no tienes poder, ni espacio, ni control!
Las horrendas larvas emitían un chillido espeluznante al caer, explotadas, quedando en el piso como cáscaras vacías, muy parecidas a la piel de la muda de una serpiente, pero con escamas movedizas, como si se negaran a morir del todo.
Al arrancar esas abominaciones de las cabezas de los difuntos, estos cayeron en mi casa. Reconocí a muchas personas cuyos velorios había oficiado en distintos momentos. Me dio pena y rabia la profanación que habían sufrido, usados como marionetas para hacerme daño.
Junté en un gran frasco los restos de las larvas, conjurando la oración de Tristán, y lo llevé con mi colección.
No tuve más remedio que llamar al comisario Contreras para que me ayudara con el tema de los cuerpos, para devolverlos a sus tumbas.
El pobre hombre casi se muere de la impresión. Con una brigada de hombres discretos, hizo gala una vez más de su inapreciable amistad, retirando los difuntos, y justificando la profanación del cementerio lo mejor posible.
Me queda poco tiempo ante una confrontación frente a frente con mi perverso medio hermano, y ruego a las fuerzas del bien, al universo, y al Altísimo, me permita doblegar al mal y su reinado.
Mis queridos amigos: las larvas de la muerte son reales. Contaminan en verdad de tristeza a las personas obsesionadas con ideas oscuras, los que juegan con la ouija, y los que se valen de brujerías para obtener algún beneficio. No los atraigan a sus vidas con prácticas dañinas.
Los espero, como siempre en La Morgue, mi colección a disposición de ustedes, con todas sus historias.
sábado, 17 de abril de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- EL MAL SE APROXIMA (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
EL MAL SE APROXIMA (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Me hallaba oficiando el velatorio de un querido amigo del pueblo, Saúl, cuando la cara de mi asistente, Tristán, revelaba inquietud y desasosiego.
Se acercó a mí.
—Tal como intuía, Edgard. Creo que algo malo está rondando en el ambiente.
Señaló mi prendedor: estaba ligeramente más turbio el cristal.
Comprendí que sería prudente sacar de la caja fuerte una vara de plata terminada en una afilada punta, entendiendo intuitivamente que mi padre la había dejado para un momento como éste.
El espectro de Saúl apareció con gesto temeroso, haciéndonos señas. Efectué, a mi vez, un movimiento con mis manos, pidiendo que se tranquilizara.
El velatorio transcurrió normalmente, salvo por la afligida presencia de Saúl, y nuestra propia inquietud. Tristán miraba tenso hacia todos lados, dispuesto a defenderme, si se presentaba mi malvado medio hermano, Velasco, que tenía toda la intención de asesinarme, y torturarme previamente para despojarme de mi don.
Cuando concluyó la despedida, y todos se retiraron, Saúl se mostraba francamente aterrorizado.
Las luces empezaron a fluctuar, y el cadáver de Saúl comenzó una descomposición acelerada, en contra de toda lógica. El olor era nauseabundo. El cuerpo se cubrió de pústulas purulentas, y la boca del muerto se abrió dislocando la mandíbula. De ella, con una velocidad de pesadilla, comenzaron a surgir arañas enormes, azabaches, con un ojo rojo plasmado en los horripilantes lomos.
Tejieron con rapidez de pesadilla una mortaja alrededor del cuerpo, que parecía una momia de telarañas, y pronto todos los bichos se fusionaron en una sola araña gigantesca.
Comprendí entonces que Velasco intentaría atrapar la energía del alma de Saúl, impidiéndole ascender hacia la luz, y, de paso, dañarnos todo lo posible con su ponzoña.
Sin darnos tiempo a reaccionar, el engendro direccionó su tela hacia el alma, apresándola. Por la cara de sufrimiento del espectro, estaba siendo sometido a un gran dolor espiritual.
Impusimos nuestras manos de inmediato hacia el bicho inmundo.
De sus fauces nauseabundas se escuchó una carcajada espeluznante. Nuestro poder era inútil ante la fuerza de su maldad.
Entonces, en un impulso, saqué de mi bolsillo interno la pequeña daga de plata, y la clavé en uno de sus globulosos ojos repulsivos.
Un grito de agonía se mezcló con una amenaza emitida con un odio visceral:
—¡Esto es solo el comienzo, Edgard! ¡Ahora no solo vendré por ti, sino también por Tristán y Aurora, y centuplicaré mis poderes!
No bien terminó el discurso venenoso, del ojo comenzó a manar un líquido fétido verde, y la araña se fue achicando hasta quedar del tamaño de mi mano, petrificada.
Se deshicieron al instante las telarañas que apresaban al espíritu de Saúl, y las que amortajaban su cuerpo descompuesto.
—Te pido perdón, amigo, por el horror que pasaste, y por el estado en que quedaron tus restos. Puedes marcharte en paz. Siempre has sido una buena persona. Rezaré por tu descanso eterno.
Saúl tenía un semblante aliviado, y podía percibir amor y agradecimiento. Nos saludó antes de ascender en un rayo de luz.
Tomé la araña de piedra para mi colección.
He decidido irles contando de a poco todas las historias que descubrí en el cuaderno de tapas negras de mi padre. Por hoy, este infausto encuentro con Velasco, me ha dejado agotado, pero si me ocurre algo, deseo que quede un registro, para que si alguno de ustedes, mis amigos, tiene el don, pueda defenderse de mi perverso medio hermano.
Los invito a acercarse a La Morgue. No teman. Por ahora, están a salvo. Y como ya he dicho anteriormente, en algún momento, de todos modos, pasarán por aquí…
viernes, 9 de abril de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA -HERENCIA FAMILIAR (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
EDGARD, EL COLECCIONISTA
HERENCIA FAMILIAR (HISTORIAS DEL CUADERNO NEGRO)
Casi no he hablado de mi familia. He contado, anteriormente, que tuve un gemelo fallecido, Eduard, y que mi padre me inició siendo un niño en el negocio funerario, oficiando el velatorio de mi propio hermano.
Sería falso decir que no guardé resentimientos hacia mi familia por permitir que me integraran a esta actividad desde pequeño, más allá de comprender que había un propósito tras ese accionar, que lo fui descubriendo con el tiempo, al encontrar en mi don una forma de ayudar en el mundo material y espiritual.
Habiendo partido muy pronto mis padres, y con el resto de familiares muy lejos de mi pueblo, solo tomé por sentado seguir con mi vida.
Hubo un pedido de mi padre que, por un extraño sentimiento, no cumplí.
Él me pidió expresamente, que, cuando falleciera, abriera una caja fuerte oculta tras el retrato familiar, y siguiera sus instrucciones.
Hasta el momento no había querido cumplir el pedido.
Luego de una conversación con mi amada Aurora, tomé fuerzas para concretar la apertura de la caja.
—Edgard: no somos jóvenes. Si realmente deseas comenzar conmigo una familia, debes hacer las paces con tu pasado, y resolver cualquier duda que haya quedado en el aire.
“Estoy convencida, por mis creencias y experiencia, que para lograr sembrar un terreno con prosperidad, primero que nada, debes sanear la tierra, trabajarla y amarla.
“No prosperan las semillas plantadas en un campo agotado, o con malezas…
Estas palabras me animaron para correr el cuadro donde mis padres parecían contemplarme directo a los ojos, al igual que mi hermanito.
Abrí la caja fuerte, donde encontré una cantidad de sobres fechados con el treinta y uno de octubre, mi cumpleaños. Sorprendentemente, eran posteriores al día actual.
Había una piedra, parecida a un diamante, pero muy grande y transparente, y otros objetos extraños y variopintos, entre los que se destacaba una piedra más pequeña, del mismo material que la principal, engarzada para usar como un prendedor discreto.
Al verla al trasluz, observé que en su interior tenía grabado un pequeño ojo. Ignoro como se puede plasmar una imagen en ese material, en su centro.
Continué explorando la inmensa caja fuerte, hasta topar con un grueso cuaderno de tapa negra, que, al tocarlo, emitió un extraño cosquilleo. Tenía ilustrado también el ojo solitario en su portada, y al abrirlo, me encontré con la letra de papá.
Comencé a leer con gran intriga.
En principio, me decía que sabía que yo abriría la caja recién en el día de la fecha, que aparecía plasmada en la amarillenta hoja, lo que hizo que me estremeciera.
Me explicaba muchísimas cosas que aclaraban su proceder de antaño, y que iré contando con el tiempo.
Cada sobre, debía ser abierto para mis próximos cumpleaños, y contenían un obsequio, y una revelación.
Es claro que el número de sobres me indicaba los años que me quedan de vida, un dato que me reservo.
Pero voy a adentrarme en la historia que hoy les voy a contar, plasmada con el puño y letra de mi padre.
Antes de conocer a mamá, siendo muy joven, y estando de viaje lejos de su casa, con unos tíos que le enseñarían la parte contable del negocio funerario, conoció a una hermosa chica, misteriosa y exótica, que no podía dejar de ver. Sentía una atracción irresistible hacia ella.
Cuando estaba con Samanta, se creía en la gloria. Él insistió en serle presentado a su familia, ya que todos los encuentros eran clandestinos, pero ella nunca accedió. Le dijo que aún no era el momento indicado.
Cuando no estaba con Samanta, papá sentía un intenso dolor en todo el cuerpo, adormecimiento, náuseas, y todo tipo de malestares. Estos solo se calmaban cuando volvía a ver a la chica.
Samanta, de un día para el otro, simplemente desapareció.
Papá enfermó gravemente. Les refirió a los tíos la historia con ella, y por más que se esmeraron en hallarla, incluso con la intervención de un detective privado, no la pudieron encontrar.
Entre tanto, tomaron la decisión de enviarlo de nuevo al pueblo, porque en el hospital no daban en la tecla en cuanto a la naturaleza de la enfermedad, y pensaron que podía ser de origen nervioso.
Habiendo completado sus conocimientos contables, totalmente desmejorado y acongojado, papá volvió a su casa.
No bien regresó, se compuso totalmente, para gran alivio de todos, reiniciando sus actividades normales.
Cuando un tiempo después conoció a mamá, y se enamoró de ella, en su mente, Samanta era un recuerdo borroso, como un sueño que uno no consigue recordar bien al despertar.
Al unirse con mi madre, el don dormido de mi papá, sumado al de ella, despertó en todo su apogeo, dotándolo de clarividencia, entre otras cosas.
Ese mismo don, que yo heredé con otras connotaciones, y menos poderoso, fue el que antes de fallecer le esclareció la verdad sobre Samanta: era una cultora del mal, una hechicera, que como un vampiro se alimentó de la energía de mi padre para potenciar su brujería, y lograr un propósito que alcanzó antes de desaparecer de su vida: quedar embarazada de él.
¡Tengo un hermano vivo!
En el escrito, mi padre me advierte que ese hermano, lejos de ser familia para mí, como vástago de la oscuridad, me buscaría muy pronto para matarme y utilizar mis poderes para derramar dolor y maldad sobre el mundo.
Yo tendría que confrontarme con él antes de tomar una decisión que implicara descendencia, y destruir su impronta maligna, también antes de que él tuviera hijos.
La piedra transparente, me dijo, me anunciaría la cercanía de mi medio hermano: se iría oscureciendo de acuerdo a su cercanía. La más pequeña, la podría llevar en mis prendas para ver constantemente su color: el negro absoluto me diría estar frente a frente con él.
No debo intentar encontrarlo. Él se acercará a mí, y debo estar preparado, ya que desde el mismo momento en que yo lea el escrito, mi medio hermano sabrá que yo tengo conocimiento de su existencia, y comenzará su cacería humana.
No tengo temor. Me siento preparado y agradecido por el consejo de Aurora: no se pueden arrastrar traumas del pasado que contaminen una nueva familia. Hay que perdonar errores propios y ajenos antes de comenzar cualquier camino.
Esa misma noche tuve la primera aproximación de mi medio hermano.
Cuando estaba acostado, sentí un ruido como un chillido, y mi cuerpo, totalmente paralizado. Se trizó la ventana de mi cuarto, por la que entró una gigantesca y horrorosa ave carroñera: una especie de buitre, con plumas que olían a putrefacción, y un pico aserrado del que manaba un inmundo líquido verdoso.
Aprovechándose de mi inmovilidad, el espantoso bicho se posó en mi cuerpo, y una voz de ultratumba salió de su fétido pico, del que asomaba una lengua bífida.
—¡Al fin nos conocemos, hermanito! Aunque no te rebelaré aún mi rostro, te doy a conocer mi nombre: Velasco.
Dicho esto, me arrancó el ojo izquierdo de un certero picotazo, mientras yo sentía una agonía de dolor y repulsión.
De pronto, el ave pareció asustada, y soltando mi ojo, que latía como un pequeño corazón, alzó vuelo y desapareció por la ventana.
—¡Despierte, Edgard, por favor!
La voz de mi asistente Tristán me trajo a la consciencia, tras la horrible pesadilla. Me dijo que él se había despertado con una intuición extraña de peligro y desazón, y me encontró prácticamente convulsionando en mi cama, muy asustado.
Le conté toda la historia, y prometió cuidarme y ayudarme.
Juntos fuimos hacia mi colección, donde la piedra otrora transparente lucía una lechosa opalescencia grisácea. Velasco se aproximaba. El pin prendedor mostraba el mismo color enfermizo. Debería, de ahora en más, estar muy alerta.
Pronto les iré contando mis encuentros, encomendándome al Supremo, pues parece que este ser, con mi misma sangre, es un ente absolutamente demoníaco.
Los espero, amigos, en La Morgue, para mostrarles mi colección y sus historias.
Y fíjense si las cosas de cristal que los rodean se oscurecen: algo maligno los puede estar acechando. Buena semana.
sábado, 27 de marzo de 2021
#sábadodefobia Corbatas
#sábadodefobia Corbatas
No soy supersticioso. No creo en cosas paranormales. Simplemente me repelen los muertos. Mis familiares lo saben. Aun así, cuando falleció la tía Rosario, me insistieron hasta el hartazgo que asistiera al velatorio.
Me negué terminantemente. La tía me espantaba las pocas veces en que la veía en vida, con su mirada verde acuosa perdida tras los lentes culo de botella, su sonrisa amarillenta, con dientes demasiado grandes, y su peluca almidonada, negro azabache. El temor que percibía en mi mirada le hacía, al parecer, mucha gracia, por lo que se reía con un graznido de cuervo ronco.
Siempre me recibía con su sonrisa espeluznante, y un paquetito de regalo: una corbata.
Yo miraba, con mis siete añitos, desconcertado totalmente, el regalo inútil, que se repetía año tras año de visita, y mamá me tiraba discretamente el pelo para que agradeciera.
Tengo una caja llena de corbatas pasadas de moda en el fondo del armario. Por alguna extraña razón, nunca las tiré.
Ese sábado, ya adulto, ningún poder humano o divino me obligaría a ver el cadáver de Rosario, acomodado en el féretro.
Pese a estar cómodamente tirado en el sofá, mirando una película, no podía dejar de pensar en el velorio, disgustado.
Imaginaba el denso olor de las coronas de flores, las señoras contando anécdotas desteñidas sobre la difunta, y en voz bien baja, sobre el suicidio de su esposo, del que nunca nadie me develó detalles.
Veía, sin querer, a mi madre tomando café con mis tías, justificando con alguna excusa tonta mi ausencia, mientras los deudos se acercaban al ataúd, para observar morbosamente la cara pálida, con la boca cosida para impedir el vislumbre de sus horribles dientes amarronados.
Sin querer me fui adormeciendo (o eso creo), y me encontré en la sala velatoria, caminando directo hacia el cajón.
Pese a mi fobia, no podía obviar mirar a la tía.
Para mi horror absoluto, ella abrió los ojos saltones en cuanto me acerqué, y rompiendo los hilos de sutura, consiguió soltar una risotada maligna. Levantando un brazo, me ofreció una corbata con su mano arrugada.
Me desperté casi cayendo del sillón, con el corazón acelerado a un ritmo febril, enfermizo.
Insultando por lo bajo, me recriminé mi estúpido temor a ver muertos, que no tenía ningún sentido lógico, y que con seguridad, me había provocado la pesadilla.
Me fui a la cocina a tomarme un vaso de leche tibia con una pastillita.
Otro día pensaría en hacer terapia para vencer mi fobia irracional.
Me dormí profundamente.
Nuevamente, Rosario se me metió en la cabeza.
Yo estaba con ella en su casa. Con un dedo rematado con una uña como una garra pintada de rojo, cruzada sobre sus labios resecos, me indicó que guardara silencio.
Tomándome por el hombro, me guio hacia un estudio que no conocía, ya que jamás lo tenía abierto.
Al transponer la puerta, vi a un hombre flaco colgado del gancho de una antigua lámpara del techo con un lazo hecho de corbatas fuertemente anudadas. Su rostro estaba casi negro, los ojos desorbitados, y su lengua afuera.
Tirado a un costado, con todo desparramado alrededor, estaba el escritorio donde se había subido para matarse.
Rosario se reía a carcajadas.
Otra vez desperté al borde del ataque cardíaco.
Desistí de volver a intentar conciliar el sueño. Con las manos temblorosas, me preparé unos mates, e intenté nuevamente concentrarme en el televisor, aunque se me colaban las horrendas imágenes de mis sueños.
Cuando amaneció, decidí que almorzaría con mi madre.
Apenas llegué, tuve que explicarle a mi vieja que no estaba enfermo, que solo tenía mala cara por haber dormido mal.
Una vez convencida, pasó a contarme todos los chismes del velorio, y me dijo que me tenía una excelente noticia.
Antes de cualquier novedad, le pregunté cómo había muerto mi tío, el esposo de Rosario.
Con algo de mal disimulado disgusto, mamá me contó que Alfredo se había ahorcado en su oficinita.
—¿Usó corbatas para hacerlo?
—¿Quién te contó eso?
—Dejémoslo ahí.
Después comimos, y no volvimos a hablar del tema. Ni siquiera se me mencionó la buena noticia pendiente, de la que me enteraría días más tarde.
Un abogado se contactó conmigo para informarme que la tía me había heredado la fábrica de corbatas que le dejó su difunto marido.
Yo comencé terapia, y no solo para superar mi fobia hacia los muertos.
EDGARD, EL COLECCIONISTA- EL GOLEM
EDGARD, EL COLECIONISTA
EL GOLEM
Mi asistente, Tristán, vino alarmado del cementerio, a donde asistió para cumplimentar unos trámites que le encargué con el director del mismo.
—El señor González me contó que hace cosa de un mes, los trabajadores comenzaron a notar que aparecían pozos en las tumbas, de donde se extraía tierra. Sin entender el propósito, ni cuándo ocurrían estos hechos, solo los hizo rellenar.
“Otra cosa que le llamó sobremanera la atención, es que justo por ese entonces, desapareció un lote de cenizas del viejo crematorio, que solo se usa con cadáveres antiguos, ya que no ofrecen servicio de cremación.
“Por mi parte, Edgard, comparé las fechas, y para ese entonces, desapareció del banco de sangre del hospital una cantidad considerable de sobres del congelador.
—¿No es justo cuando comenzaron esas muertes sin explicación en el pueblo vecino?
—Así es. Personas influyentes, adineradas, poderosas, morían de un ataque cardíaco, con una mueca de espanto en el rostro, y solo un rastro de tierra en el piso. No se pudo resolver ninguno de los casos. El punto es que todos estaban relacionados con alguna maniobra ilegal o fraudulenta, sobre las que tampoco hay pruebas concluyentes.
“Uno de los perjudicados fue un grupo de gente de este pueblo, a los que se expropió tierras, con un documento muy extraño. Varias familias se quedaron sin techo, y una señora mayor murió de la tristeza.
“Al poco tiempo, el juez que dictaminó el desalojo, falleció, al igual que el empresario que se quedó con los terrenos.
—¿Quién es el representante de los desalojados?
—Natán, el nieto de la pobre señora que no toleró el atropello.
—¿No es Natán miembro del grupo de la Pacha Mama?
—Pues sí. ¿Va usted a consultar con su novia, Aurora?
—No. ¿Me acompañarías a hablar directamente con él? Tengo un presentimiento a respecto.
Y fuimos. Tanto él como toda la gente perjudicada se habían reubicado en un predio cercano al río, en viviendas muy rudimentarias, en condiciones sumamente hostiles y difíciles para sobrevivir.
No bien nos presentamos, y Natán nos franqueó la entrada a su humilde casa, percibimos la energía de los que poseen el don. Él también la captó en nosotros, lo que allanó muchas explicaciones de nuestra presencia.
—Me imagino, señores, que sienten curiosidad por lo ocurrido. ¿Tendré consecuencias negativas para mí?
—Depende de la naturaleza de sus actos. Si lo ha guiado el mal, no nos cuente nada, y nos retiraremos. Caso contrario, seremos los primeros en ayudarle.
—Pues es la justicia la que ha dirigido mis pasos. La búsqueda de ella con las fuerzas ocultas, ya que los hombres son corruptos y traidores.
“Las tierras que habitábamos anteriormente nos pertenecían genuinamente. Unos empresarios descubrieron un potencial económico en ellas para construir un complejo edilicio, y nos hicieron muchas ofertas para comprarlas por unos pocos pesos.
“Como nos negamos repetidas veces, fraguaron unos papeles, con la complicidad de poderosos, y nos echaron como perros.
“Perdí a mi abuela en esa estafa. No pude dejar así las cosas.
“Como miembro del culto que profeso, he estudiado mucho sobre ocultismo, y me concentré precisamente sobre un libro antiguo que involucraba a la tierra, precisamente.
“Concentré mis energías en crear una criatura que vengara los agravios sin justicia que recibimos. Una especie de Golem.
“Siguiendo un ritual determinado, mezclando tierra de las tumbas, cenizas de los muertos, y sangre, obtuve una arcilla con la que modelé una criatura que obedecía mis órdenes.
“Solo se despierta de noche, y responde a mis órdenes. Es un gigante de barro, que yo transportaba en mi camioneta. Jamás le di el mandato de matar a nadie. Le pedí que le hiciera ver a los corruptos su peor miedo, basado en sus propias consciencias sucias.
“Pensé que así recapacitarían sobre sus malas acciones cometidas, pero tenían tantas barbaridades en sus haberes, que se murieron de terror, por la gran cantidad de perversiones en sus almas impuras.
“En cuanto al Golem, hoy que es luna llena, le daré permiso de volver a su naturaleza de tierra y descansar. Pueden acompañarme al cobertizo donde está guardado.
Entramos a una precaria construcción de troncos con techo de paja, y nos encontramos con el monstruo de arcilla, con los ojos llamativamente vivos, y atentos absolutamente a Natán.
Él le tomó las manos de barro, lo abrazó, y le dijo una oración en voz baja.
El ser asintió, cerró sus ojos, y se fue desmoronando ante nuestra atónita mirada.
Pedí permiso a Natán para llevarme un poco de ese montón de tierra, y le prometí interceder para la devolución de sus tierras expropiadas.
Sé que conseguiré que se haga justicia.
El Golem les hizo ver a los corruptos un reflejo de los horrores albergados en sus propios espíritus putrefactos. No se podía esperar justicia de seres tan embarrados de impunidad y poder mal habido.
Pero queda gente honrada, que todavía defiende la moral y los valores.
Me lo recuerda el cuenco donde guardo la pequeña porción de la arcilla que fue la carne del gigante justiciero, que hizo enfrentar a los esbirros de la corrupción a sus miedos más abyectos.
Los espero, mis amigos en La Morgue, donde pueden tocar la arcilla del Golem, si lo desean.
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