domingo, 3 de enero de 2021
ACUERDO POR PARTES
ACUERDO POR PARTES
Luciana se sentía aliviada de haberse separado al fin de su abusivo esposo.
Luego de mucho tiempo de soportar maltratos y humillaciones, decidió dejarlo, huyendo de la casa con sus hijitas, y denunciándolo previamente.
El motivo que desencadenó su determinación fue una paliza recibida tras una estúpida sospecha de Antonio: pensaba que ella tenía un amante. Gustavo solo era un compañero de trabajo, con una amistad superficial. Pero una salutación navideña de él en su teléfono, le dio la excusa de acusarla con horrendos improperios, y golpearla duramente.
Sin pensarlo mucho, Luciana cobró fuerzas para irse, alquilar una casita, y recomenzar la vida con sus hijas, lejos de la violencia y el maltrato.
Mandó a sus niñas a la casa de su madre, donde pasaría Navidad, y comenzó a alistar la maleta para subirla al coche.
Estaba exhausta por la mudanza, las emociones encontradas, la inseguridad de emprender una nueva etapa, con todas las dudas que conllevan una convivencia de tantos años, y tres hijas en común.
La sobresaltó el móvil, con su tono de llamada.
-¿Quién habla?
-Antonio. ¿Esperabas el llamado de otro tipo?
-¡Claro que no! Pero este no es tu número. ¿Qué quieres?
-Pasar Navidad con mis hijas, como siempre, desde que nacieron.
-Pues no puede ser. El juez te pondrá días de visita.
´´Lo mejor sería que lleguemos a un acuerdo de partes, y lo solucionemos amigablemente. Podrían estar contigo para el año nuevo.
-Nunca pasé una Navidad sin mis niñas.
-Antonio: recuerda lo que hiciste. Esto es consecuencia de tu violencia. Lleguemos a un acuerdo, a una custodia compartida. Tengamos paz, por favor…
-Así que un acuerdo por partes. Me estás tentando, Luciana. Es justa una división por partes. Puedo decir que ya me convenciste.
´´Sé que las niñas están en casa de tu madre, esperándote. Y solo por hoy, vísperas de Navidad, te daré la razón. Como un regalito especial de Santa…
Antonio colgó antes de que pudiera preguntarle nada. No le había agradado el tono sarcástico y misterioso.
Decidió no dejarse atormentar por el desquiciado que le había arruinado la existencia por demasiado tiempo.
Cuando terminó de alistar la ropa y los paquetes de regalos, escuchó un ruido proveniente de la hermosa chimenea que la había enamorado a la hora de decidirse a alquilar la casita.
Pensó que eran gatos, aunque no pudo evitar un estremecimiento.
Empezaron a caer piedrecillas, y quedó paralizada.
-¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad! - escuchó por el conducto de la chimenea, con los ojos desmesuradamente abiertos por el pánico.
El timbrazo del celular le arrancó un grito.
-¿Antonio?
-No, querida. Soy Santa. Él te manda su regalo de Navidad, siguiendo tu sugerencia de acuerdo por partes.
Aunque se había colgado la llamada, quedó sin moverse, con el teléfono en la mano, mientras un goteo se iniciaba sobre los leños que adornaban el piso de la chimenea.
Solo cuando vio caer los pedazos desmembrados de sus hijitas, parte a parte, el grito de horror salió de lo más profundo de su pecho, trascendiendo la noche, el tiempo y la cordura…
@NMarmor
EL KRAMPUS
El Krampus
El jefe de comisarios suspiró al colgar la llamada del intendente, enojadísimo por el hallazgo del ´´Santa´´, empalado en el gigantesco árbol navideño, atracción turística tradicional de la ciudad en su plaza mayor.
Al hombre le habían arrancado los ojos, la lengua y los genitales.
No era el primer año que mataban pobres diablos disfrazados de San Nicolás.
Con su acceso exclusivo a datos de las víctimas, el comisario obvió comentar que los asesinados tenían antecedentes de pedofilia.
Abrió su armario con ojos brillantes de entusiasmo.
Sacó una serie de elementos punzantes, y una máscara horrorosa.
Por unos segundos, volvió a ser ese niñito al que mamá no creyó cuando le contó lo que el tío le había hecho. Ella le amenazó con el Krampus, que castigaba a los niños malos y mentirosos. No habría regalo para él esa navidad.
Era otra noche propicia para castigar niños malos…
|#MiDeseoOscuro @M4627C
|#MiDeseoOscuro @M4627C
El insomnio arañaba mi cerebro encarcelado al lado de tu cuerpo dormido. Demasiado tibio. Demasiado vivo.
No podía dejar de imaginarte con el lunar relumbrar de palidez cerúlea con que te quería. Pero tu piel tenía el tinte de la sangre pujante que te transcurría, tan terca, haciéndote vulgar y mundano. Aburrido y frustrante.
Te removías en sueños, y yo quería verte quieto, envuelto en eternidad, pétreo y helado, con el perfume íntimo de las flores marchitas, de la carne que pierde su entidad celular, y es invadida por un microcosmos de seres que degradan y transforman. Que devoran.
Mi deseo oscuro era tenderte en una cama roja y negra, rodeado de velas, desnudo y azulado con el tinte de la muerte.
Morderte los labios silenciosos, sellando un secreto sideral de lo que nunca se dijo, de lo que no es tan banal para ser expresado con simples palabras, que siempre enlodaron nuestra relación.
Dibujar tu contorno, trazo por trazo, con mis dedos ebrios de frialdad, en tu cuerpo transmutado en promesa de cambio, de sombras que acallan los temores cotidianos de choques, violencia, brutalidad.
Y subiría sobre vos sin el odioso latido de tu terco corazón artero, manipulador, consiguiendo el milagro de despertar tu sexo, que no podrías usar para dañarme, para humillarme. Me empalaría en él, siendo tu dueña, tu ama, tu guía entre este mundo de dolor, y el abismo del placentero olvido de ultratumba.
Te tomaría de forma dulce y salvaje. No tendría que pensar en el mañana.
No habría reproches, insultos o golpes.
No serías vos, realmente, sino el tierno ángel que dibujé en mis anhelos al conocerte, y que se deshojó en los vientos de la realidad hambrienta de penas y decepciones con la que te tuve tantos años.
Y faltaba ya poco para el amanecer.
No lograba desprenderme de mi ensoñación desbordada, libre de las cadenas de la luz de la mañana.
Por una vez en mi vida tomé una decisión que trascendía la espera inútil, la fantasía, lo irreal.
Me levanté silenciosamente, y en la cocina encontré el cuchillito filoso que te reservabas para los asados con amigos, por el que levantabas la voz si yo lo usaba en otra cosa que no fuera tu orgía de carne bruta. De carne muerta para agasajar ejemplares chatos y vacíos como vos.
No te defraudaría. Te haría con él los honores.
Pasarías a ser un semidiós, un altar donde quemar el incienso de mi deseo oscuro, cincelado por la cruel gota con la que horadaste mi alma fragmentada, confusa, maltrecha, minuto a minuto. Día tras día.
Y te observé respirar, por última vez…
viernes, 1 de enero de 2021
EDGARD, EL COLECCIONISTA- EL JUEGO DEL TESORO
EDGARD, EL COLECCIONISTA
EL JUEGO DEL TESORO
Era de público conocimiento el romance de dos personas casadas, y el despecho de sus respectivos cónyuges.
Pero nadie intuyó que el amor prohibido terminara como aconteció.
Hubo una panfleteada, luego de la desaparición de la pareja, incitando al pueblo a una ´´búsqueda del tesoro´´, donde hallarían un premio poco convencional, y un mensaje dedicado a los adúlteros.
Tuvo que imponer el comisario Contreras un toque de queda, para impedir a todos los curiosos que participaran del juego. Intuía un final trágico, y nos pidió a Tristán y a mí que lo acompañáramos en la búsqueda, en calidad de amigos, simplemente.
Sabíamos que Contreras temía lo peor. También los esposos engañados habían desaparecido.
Y, en plena noche, mientras el pueblo entero, lleno de curiosidad espiaba tras las ventanas, leyendo al igual que nosotros las pistas del panfleto, llegamos al primer lugar del reto.
´´Las mascotas que tuvimos en común, y creímos prolongación de nuestro amor. ¿Qué mejor lugar de descanso que la plaza donde las paseábamos? Junto al prócer del pueblo.
Y sí, al pie de la única estatua del lugar, cavaron los agentes, alumbrados con linternas, donde la tierra estaba removida. Encontraron a un pobre perrito y a un viejo gato degollados, atados juntos.
Se me revolvió de ira el estómago. Los animalitos no tenían la culpa de nada. Esa salvajada nada bueno podía presagiar.
´´Las maletas con la ropa con que pensaban huir. Y el dinero que robaron de las cuentas familiares. Que lo aproveche el que lo encuentre, en el lugar de los pecados más costoso.
No tuvimos que pensar mucho para decantarnos por el hotelucho de citas menos vulgar, y más alejado del pueblo.
En el jardín del motel por horas, efectivamente encontramos las maletas.
Tanto la ropa como la plata estaban absolutamente empapadas en sangre. La cosa iba de mal en peor.
´´En todo crimen, existen cómplices encubridores que se hacen llamar ´amigos´. Acá está el ejemplo del destino de estos ingratos, que siempre terminan hablando de más. Y acaban en la vía.
Hacia las vías abandonadas de un ramal de trenes que ya no atraviesa el pueblo, nos dirigimos en silencio. Un montículo nos indicó el lugar apropiado.
No tuvieron que usar mucho la pala los agentes. Apenas estaba cubierto por una capa de tierra el cadáver de un amigo en común de las dos parejas. Aunque no se podía saber de buenas a primeras la causa de la muerte, el gesto de horror denotaba que lo habían martirizado. Le faltaba la lengua, que, por la enorme cantidad de sangre, seguramente había sido arrancada en vida del pobre infeliz. En su boca tenía un papel enrollado, donde a duras penas se lograba leer: ´´traidor, mentiroso y alcahuete´´.
Tuvimos que darle ánimo a Contreras y sus muchachos. El juego macabro se estaba transformando en una pesadilla horrenda.
´´Al fruto del pecado, por el que huirían los infieles, se tiene que arrancar de cuajo. Y pese a su destino de no nacer, se hallará en un lugar de nacimientos.
Con los pelos de punta, nos llegamos a la maternidad. En el terreno trasero del predio, una cruz blanca nos indicó el infausto sitio.
Encontramos un feto muy pequeño, apenas formado. Nos paralizó el horror al imaginarnos a alguien arrancando del vientre de la madre al malogrado niño.
´´No separaremos a aquellos que eligieron estar juntos por sobre todo el sufrimiento ajeno. Por el contrario, los unimos más. Y para no ofender a Dios, se encuentran en el lugar correcto, pero olvidado.
-¿Entienden ustedes a qué se refiere esto con lo de ´´correcto, pero olvidado´´?
Antes de que se me ocurriera la respuesta, Tristán contestó con un hilo de voz:
-El lugar correcto para los muertos es el cementerio. Y con lo de olvidado, puede tratarse del antiguo camposanto, adentrado en las afueras, que quedó en desuso con el crecimiento del pueblo…Pocos recuerdan ese sitio ahora.
Hasta allí nos desplazamos.
Entre lápidas destruidas, y monumentos mortuorios enmohecidos y mutilados, bajo un ángel con las alas rotas, hallamos los cuerpos de los amantes.
Yacían desnudos, al descubierto. Ella mostraba la bestial incisión que se le practicó en el vientre para desarraigar a su hijito.
Tenían las cabezas cambiadas, cosidas toscamente en el cuello ajeno.
La escena era horrible. Y aún no terminaba. Quedaba una pista más.
´´Ya no nos queda propósito en la vida, ejecutada nuestra justicia. Somos el reflejo de lo que merecen los que traicionan el amor y la confianza. Nos quedamos donde se simboliza el pecado original.
Nos miramos confundidos con Contreras. Nuevamente la voz cascada de espanto de Tristán nos ayudó:
-Posiblemente hablen del término bíblico, que asocia a Eva y la manzana. Y hay un solo manzano en el pueblo. Está en la granja abandonada, cerca de aquí. De niño solía sacar fruta de allí.
Efectivamente, en el viejo manzano que integraba una granja en ruinas, yacían colgados de una gruesa rama horizontal los esposos agraviados y lunáticos que decidieron la espantosa y terrorífica venganza.
Un desapacible viento hacía oscilar los cuerpos, con los rostros ennegrecidos y las lenguas afuera de los despiadados.
Los bancos a los que se habían subido para matarse yacían tirados bajo sus pies.
-Gracias a Dios, acá se termina el juego, amigos. Me espera una larga jornada con los forenses, cercando y fotografiando los lugares de los hallazgos, y toda la papelería para procesar este horror.
´´Me ayudó mucho contar con ustedes. Díganme si puedo retribuir de alguna manera su amable generosidad.
-Sé que no es muy correcto, Contreras. Pero cuando se termine de analizar cada prueba de este espantoso caso, le voy a pedir la cruz blanca, la que los dementes pusieron en la tumba del niñito.
´´La vamos a usar para rezar por tantas almas doloridas y sufrientes, y para rogar perdón y alivio ante este horror.
-Por supuesto, Edgard. Y aunque con usted está de más decirlo, le ruego discreción.
Ni Tristán ni yo abrimos la boca de lo sucedido esa nefasta noche,pero ´´el juego del tesoro´´ trascendió misteriosamente, y con lujo de detalles por todo el pueblo.
Aquellos que estaban viviendo aventuras extramaritales, presas del terror, se abocaron a reconstruir hipócritamente una vida ejemplar.
Las trabajadoras sexuales tuvieron que migrar a otros pueblos, ya que sus habituales clientes temían hacer usos de sus servicios.
Los hoteles de citas pasaron la peor crisis económica de los últimos años.
El comisario Contreras cumplió su promesa, y al terminar la terrible investigación, me cedió la cruz blanca, que hoy forma parte de mi colección.
Rezamos mucho con Tristán para lograr que las almas torturadas alcanzaran la luz.
Jamás podré justificar la venganza salvaje y encarnizada de los despechados, pero puedo dejarles un consejo, mis amigos: si algo nos puede rescatar de la locura, es la verdad. Si nos manejamos con mentiras y engaños, nada bueno obtendremos a cambio.
Los espero en La Morgue con mi colección de historias. Si no les apetece venir, recuerden que de todos modos, tarde o temprano, alguna vez llegarán aquí.
Un cordial saludo de este servidor.
sábado, 26 de diciembre de 2020
EDGARD, EL COLECCIONISTA- UNA BOLSA DE MONEDAS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
UNA BOLSA DE MONEDAS
Tanto Navidad como año nuevo son fechas con muchos decesos.
En el caso en particular que voy a contarles, el fallecido pereció en vísperas del cambio de año, donde quería aprovechar, además, para celebrar su retiro, muy postergado, luego de demasiado tiempo dedicado a una obsesión por el trabajo.
Marcos era un hombre de familia, a la que quería brindarle lo mejor que podía, al haber sufrido una infancia de pobreza.
Su empeño por progresar lo llevó a esforzarse fuera de su hogar muchas horas.
Para hacer crecer el patrimonio económico, se perdió los mejores momentos del crecimiento de sus hijos, y compartir con su esposa conversaciones y vivencias que postergaba: siempre pensaba que llegaría la ocasión oportuna para compensar esas carencias, reemplazadas, a su criterio, por la bonanza económica que les brindaba.
Así fue que, por prolongadas reuniones de trabajo, no vivió los primeros pasos y palabras de sus niños, sus actos escolares, eventos deportivos, jugar con ellos, conocer sus gustos y sueños.
En cuanto a Dora, su esposa, a la que al igual que a sus chicos, agasajaba con posesiones materiales, que para ella no tenían un valor concreto en su corazón, se sintió siempre sola, criando a sus hijos con un marido ausente, que llegaba agotado, sin ánimo de escuchar los cambios, logros y anécdotas de la familia. Se le quedaban atragantadas de tristeza en el pecho las palabras que Marcos interrumpía comentando su cansancio, y el crecimiento económico que implicaba.
Cuando por fin se decidió a terminar su vorágine de trabajo maratónico, se dio cuenta, asombrado, de que sus hijos eran ya hombres, y lo poco que sabía de ellos y sus nietos.
En cuanto a Dora, se percató que había dejado pasar la juventud de su esposa, y la propia, sin disfrutar de momentos compartidos, de camaradería, de la tierna frescura que lo enamoró de ella.
Se prometió compensar tantas carencias, con el comienzo del nuevo año, y reencontrarse con sus afectos, y recuperar todo el tiempo perdido.
Pero antes de la celebración, su corazón falló, y murió con sus proyectos truncados.
Cuando Dora vino a hacer los arreglos para su despedida, me comentó, con voz temblorosa:
-Señor Edgard: usted dirá que estoy loca, pero le juro que anoche me despertó Marcos, llorando silenciosamente al pie de la cama, señalándose el pecho, como si algo le molestara allí.
´´Fue impactante y triste. No sentí temor, pero si una gran impotencia, porque sé que aún muerto está sufriendo, y no sé cómo ayudarlo.
-No creo, Dora que esté loca. Permítame un pequeño lapso de tiempo, y averiguaré cómo podemos solucionar esa aflicción.
Al poco de retirarse la viuda, llegó Tristán, mi ayudante, trayendo el cuerpo de Marcos en la ambulancia para prepararlo.
No bien lo dispusimos en la camilla, su espectro hizo su aparición.
Triste, lágrimas imparables manaban de unos ojos desconsolados, oscuros como dos cuevas sin fondo.
Se señalaba el pecho, y lo golpeaba con angustia.
Nos miramos con Tristán, esperando que el pobre espíritu pudiera expresar su aflicción.
Se abrió la camisa, y luego el tórax, en donde en vez de haber un corazón, se encontraba un saco de tela percudido, que se arrancó con rabia.
La bolsa se abrió contra el suelo, derramando monedas oxidadas, retorcidas.
Por esa basura, el pecho de Marcos estaba vacío y desolado.
-Mi querido amigo: no le dejaremos marcharse con esa tristeza. Yo me encargaré de darle el consuelo que necesita para irse en paz.
Le pedí a Tristán que corriera a casa de Dora a pedirle una lista de cosas puntuales que necesitaba, y que le contara mi propósito.
Con la atenta mirada compungida del espectro sobre mí, practiqué a su cuerpo una ablación de corazón, muy deteriorado, por cierto.
Lo coloqué en un frasco con conservante, y lo ubiqué en la bolsa deslucida con las monedas inservibles acumuladas.
Al llegar Tristán, me entregó las cosas que le había solicitado.
Fotos familiares, cartitas de los niños, manualidades y artesanías escolares, esquelas amorosas de Dora, pequeños recuerdos de los nietos, pasaron de mis manos al pecho del cuerpo, donde los coloqué reemplazando el desgastado corazón de Marcos, que observaba desde su presencia espectral mis maniobras.
Una sola fotografía, la más hermosa, que retrataba a toda la familia, unida y feliz, la reservé para colocarla en la bolsa, que dejé cerrada.
Una luz comenzó a esplender en el pecho del fantasma, que se fue cerrando, una vez completado ese vacío con los símbolos del afecto que no pudo compartir en vida, por haber hecho una elección equivocada con su tiempo y energía.
Marcos dejó de llorar. Una sonrisa de consuelo y bienestar iluminó su rostro.
Con un gesto de despedida, se transformó en un haz de luz, que nos atravesó llenando de energía positiva nuestros espíritus, pasó por la bolsa, renovando su tela raída, y estallando en chispas de colores, se esfumó con mansedumbre.
Cumplida la misión de darle paz al pobre hombre, me aboqué a preparar debidamente su despedida, sin asombrarme en absoluto en cómo el rictus crispado de su rostro había sido reemplazado por un semblante sereno y distendido.
En este mundo tan materialista, mis amigos, donde adquirir bienes obsesiona a todos, haciéndonos perder valiosísimos momentos con los afectos, la nueva etapa que se inicia es un muy buen momento para plantearnos prioridades a futuro.
La bolsa que forma parte de mi colección, donde una foto feliz con la familia sanea monedas inútiles, y un corazón colapsado, me lo va a recordar siempre.
Felicidades desde La Morgue.
Vivan bien, tomen decisiones adecuadas. Porque todos terminamos acá…
viernes, 18 de diciembre de 2020
EDGARD, EL COLECCIONISTA- LAS CADENAS DE LA CULPA
EDGARD, EL COLECCIONISTA
LAS CADENAS DE LA CULPA
Jamás me había ocurrido el no disponer de la capacidad operativa como para hacerle frente a mi trabajo de forma prolija.
Me comunicaron que se habían procesado en la morgue judicial trece cadáveres, de los que ya disponían los familiares para su despedida. Tenía dos salas habilitadas, y podría acondicionar una tercera, si dividíamos en dos o tres días y doble horario.
Los parientes no deseaban los servicios de otras funerarias en pueblos vecinos.
¿Por qué tantos fallecidos? ¿Y todos suicidas?
Es una historia muy extraña.
Días anteriores, prácticamente todos los habitantes del pueblo recibimos llamadas sin identificar.
Eran más o menos así:
-¿Estoy hablando con xxxx ?
-Si. ¿Con quién tengo el gusto?
-Eso no importa. Solo le quiero avisar que sé muy bien lo que ha hecho. Con todo lujo de detalles. Fotos, filmaciones y audios. Si no lo hace público usted mismo, en el plazo de doce horas, me encargaré de que todo el pueblo se entere, y de la peor manera…
Yo, como la mayoría de la gente, lo tomó como una broma de mal gusto, o una llamada equivocada, y corté, Se fue de mi memoria hasta el suceso que tengo entre manos.
El caso es que no todos restaron importancia al asunto.
Diecisiete personas intentaron matarse.
Solo cuatro se salvaron. Cuando se les interrogó sobre la razón de una decisión tan terrible, confesaron que se quebraron con la amenaza de la llamada.
Un adolescente se desesperó por haberle mentido a sus padres respecto a sus calificaciones del colegio: les había convencido que había terminado sus estudios secundarios, cuando en realidad tenía varias materias pendientes, que impedirían su ingreso universitario. Intentó matarse ingiriendo un fármaco que le provocó una diarrea espantosa, y una alergia horrible.
Un caballero, que hacía años usaba de fachada a una amiga, declarada como novia, para ocultar su condición de gay, intentó colgarse, terminando con una torcedura de cuello y varios moretones, además de lámpara y techo destrozados, para descubrir, con aliviada sorpresa que todos sus familiares y amigos conocían su homosexualidad, y no veían absolutamente nada de malo, pero no querían mencionarlo, ya que él mismo no deseaba comentarlo.
Una secretaria enamorada de un jefe casado, e indiferente con ella, se tiró delante de un coche en una calle de mucha circulación.
Había puesto ´´un amarre´´ en el café del hombre, y moría de vergüenza de que se supiera su estupidez.
Ahora estaba de licencia, con la pierna enyesada, y la convicción de que no se puede conseguir amor por la fuerza.
Un empleado de farmacia, que hurtaba ansiolíticos a los que era adicto, quiso, arrepentido y desesperado por traicionar la confianza de su empleador, al que apreciaba mucho, matarse con ellos. Le lavaron el estómago, y entre su jefe y familia, le brindaron ayuda para salir de su adicción, devenida por una depresión.
Los trece que no se salvaron eran otra clase de historia.
Todos dejaron cartas de confesión y disculpas.
Gracias a ellas se resolvieron asesinatos.
Se descubrió que una partida de remedios oncológicos fue reemplazada por un placebo, que les aplicaban a los pobres enfermos, mientras se vendían por fortunas las drogas que les hubieran salvado del cáncer.
Se supo del abuso de varios menores. Por parientes muy cercanos. Incluso, sus propios padres.
Fue desbaratada una red de tráfico de órganos: secuestraban gente, generalmente sin techo, jóvenes, que nadie reclamaba ni echaba en falta.
Cayó una secta que prostituía muchachas atrayéndolas con promesas de espiritualidad.
Y más cosas terribles.
Ya puesto en la organización de los velatorios, con Tristán, mi ayudante, el aire empezó a oler extraño. Parecía el de la baquelita quemada, cuando hay un corto eléctrico.
Se nos erizó la piel.
De inmediato, trece abominables apariciones, hombres y mujeres, marcados, extrañamente con una cruz de ceniza en la frente, todos con gestos de aflicción indescriptible, se nos presentaron, mostrando sus manos, amarradas con cadenas al rojo vivo.
Reconozco que estaba muy furioso con todas esas almas impuras, y que estuve a punto de expulsarlas con desdén, si no hubiera visto el gesto compasivo de Tristán.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. ¿Cómo se acabaría la injusticia en el mundo si nadie toma la iniciativa de perdonar y mejorar?
Alzamos, son Tristán, nuestras manos, temblorosas las mías, sobre la congregación de suicidas.
Captamos las vibraciones de culpa y arrepentimiento. Algunas, realmente desgarradoras.
Comenzamos una oración que resonó en la noche como un extraño instrumento de viento, mientras fluctuaban las luces de la oficina.
De pronto, un sonido metálico interrumpió nuestra letanía.
Se habían roto las cadenas candentes de los espectros sufrientes, dejando caer un eslabón de cada una de ellas.
Las apariciones se llevaron las manos al pecho, en un gesto de alivio resignado, y se fueron esfumando lentamente.
No sé si fueron perdonados, con semejantes pecados a cuestas, pero pudieron abandonar el plano terrenal y el sufrimiento de sus horribles culpas.
Recogimos los trece eslabones del suelo, rezando por las personas perjudicadas por los suicidas, y luego las ubicamos en un estante especial de mi colección, para que me recuerden no que no debo perder nunca la capacidad de perdonar, ayudar, y no dejarme ganar por la ira.
Era el momento de poner manos a la obra con el velatorio más grande que había oficiado jamás.
Me acosa una duda que quiero develar cuanto antes: ¿quién realizó las llamadas masivas? ¿Es un emisario del bien o del mal? Lo averiguaré en cuanto pueda.
Los saludo, mis amigos, con la reflexión de pedir ayuda cuando algo muy pesado los abrume, o brindarla cuando alguien se encuentre desesperado: los cuatro suicidas que se salvaron de la muerte no hubieran intentado algo tan drástico si hubieran contado con alguien en quien confiar de corazón.
Los espero con mis historias en La Morgue.
sábado, 12 de diciembre de 2020
EDGARD, EL COLECCIONISTA- TÓXICOS
EDGARD, EL COLECCIONISTA
TÓXICOS
-Mil disculpas por molestarlo con mis cosas, señor Edgard. - me dijo Angelina, la joven hija de una pareja fallecida recientemente.
-No es ninguna molestia, señorita. Créame que comprendo muy bien los motivos que la traen por aquí.
-No puedo evitar preguntarle: ¿Está usted absolutamente seguro que papá estaba muerto cuando lo enterramos?
-Totalmente, Angelina. Por el acuerdo estipulado en las especificaciones sobre sus exequias, le practiqué un embalsamado. No voy a entrar en detalles sobre el procedimiento, pero le aseguro que su padre no estaba vivo. Sin ningún lugar a dudas.
Angelina asintió, me tendió la mano, muy pálida, y se despidió.
-Antes de que se retire, querida, quiero que se quede usted tranquila: ambos descansan ya en paz.
Sus ojos cansados se llenaron de lágrimas, y sin agregar palabra alguna, se fue.
Hacía una semana había oficiado el velorio de Amado, casado con Maribel.
El hombre había fallecido en medio de una acalorada discusión con su mujer.
Ambos eran conocidos por sus largas peleas, por los motivos más variopintos y ridículos. Aunque nunca llegaron a la violencia física, los gritos y acusaciones mutuas a cualquier horario del día tenían cansados a los vecinos. Sobre todo, a una anciana señora, que compartía una tapia, y que detestaba el escándalo en todas sus formas.
Durante el velorio, doña Eleonora me había contado, a modo de desahogo, que la pareja sostenía reyertas a grito pelado con excusas de celos, malos entendidos, economía hogareña, política, hasta fútbol, inclusive, en forma insufrible.
-Pero eso no terminaba allí, señor Edgard. Si eran ruidosos y molestos sus desencuentros, más aún lo eran sus reconciliaciones. Esa gente no sabía hacer nada sin gritar como cerdos en el matadero.
Mientras Eleonora me comentaba, escuchaba el llanto desgarrador de Maribel, asistida por Tristán, mi ayudante, para tranquilizarla.
No solo a los vecinos alteraba esta conducta del matrimonio. Su propia hija, Angelina, se había marchado del hogar para hacer su vida lejos de sus padres, porque no los toleraba más.
El punto que perturbó a la joven, fue que a la noche siguiente del entierro, encontraron a Eleonora muerta en su cama, con una extraña sonrisa de satisfacción en el rostro.
La autopsia reveló que fue un deceso natural. Lo que llamó la atención fueron dos cosas: si bien la casa no tenía ningún signo de entrada forzada, se encontraron huellas embarradas de un calzado masculino, desde la entrada hacia el lecho matrimonial.
Lo segundo, esto más enigmático aún, fue que la tumba de Amado había sido extrañamente profanada, ya que la rotura del féretro, según el comisario, (y yo le creo absolutamente), fue realizada desde el interior hacia afuera.
La tierra estaba removida, y si bien encontraron el cuerpo dentro del maltratado ataúd, este no se hallaba en el estado en que yo lo preparé para su despedida, y en su puño cerrado, tenía la alianza matrimonial de Maribel, y le faltaba su propio anillo nupcial, encontrado en la mano rígida de su esposa.
El finado también presentaba un gesto de enigmático placer que no tenía en sus pompas fúnebres.
Cuando velamos a Maribel, Eleonora, en forma discreta, pero determinada, me llevó a un aparte para hablar.
-Mire, don Edgard. No me queda mucho tiempo en este mundo. Y no me pienso ir de él sin contar lo que escuché, aunque me tomen de vieja loca.
´´La noche que murió Maribel, me despertaron los gritos destemplados de los dos.
-¿Los dos? ¿A qué se refiere?
-Pues que escuché claramente la voz indignada de Amado, recriminando a su esposa haberlo dejado marchar solo, que siempre había sido así de egoísta, que seguro tenía a otro para reemplazarlo, aprovechando su muerte, y cosas por el estilo. Se me heló la sangre.
´´Maribel no se quedó atrás. Lo acusó de abandono, de infidelidad con alguna difunta, de ingratitud, y otras incoherencias por el estilo.
´´Así estuvieron un rato largo, grita que te grita, discute que te discute, hasta que se arreglaron, y empezaron a chillar, usted me entiende, de otra forma, mientras golpeaba el respaldo de su cama contra la pared de mi cuarto.
´´Obviamente, no pegué un ojo toda la noche de pesadilla, ni siquiera cuando por fin hicieron silencio.
´´¿Piensa usted que estoy loca, Edgard?
Le tomé las arrugadas manos frías entre las mías, para confortarla, y le dije que le creía, y que ni bien averiguara más datos, la tendría al tanto.
No tuve que esperar mucho para cumplir mi palabra.
El comisario Contreras me dio los detalles de la violación de la tumba de Amado, y las huellas que iban desde su supuesto lugar de descanso eterno hasta su casa. La lluvia había transformado en lodazal la tierra del cementerio.
Al parecer, Amado no podía descansar en paz sin resolver su complicada relación con Maribel.
Ni siquiera su espíritu pudo abandonar el cuerpo muerto hasta lograr una última y acalorada discusión con su esposa, por lo que salió, simplemente de su tumba, y visitó por última vez a su mujer para dejar sus pullas pendientes resueltas.
-Le dejo, Edgard, las alianzas intercambiadas de cuerpos. No es lo correcto, pero no son evidencia de ningún crimen, y sé que usted las apreciará, y las usará para rogar por el descanso de esas almas tan belicosas.
Así que visité a Eleonora para dejarla tranquila, diciéndole que no solo le creía, sino que corroboraba su historia de cabo a rabo.
-¿Piensa usted que esos dos podrán descansar en paz?
-Estoy en condiciones de asegurarlo. Los enterraron en tumbas contiguas. Y cerraron su ciclo de disputas y reconciliaciones con amor mal entendido.
´´Ya son libres, Eleonora.
Me queda por contar que las alianzas, que forman parte de mi colección, se fundieron formando un símbolo del infinito, muy bello, por cierto.
Y si bien nada de esto se lo dije a Angelina, ella pudo quedarse tranquila respecto a sus tóxicos y complicados padres, y su enorme confusión sobre el complejo tema del amor.
En el fondo, sé que todos conocemos a alguien capaz de salir de una tumba para continuar una disputa con la excusa de un apego enfermizo disfrazado de afecto.
¿O no?
Los saludo, amigos míos, esperándolos en La Morgue, y si quieren, les muestro, de paso, los anillos fundidos, y el resto de mi colección.
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