martes, 10 de marzo de 2020

ESTRELLA


Estrella






Al comisario no le hacía gracia molestar a Estrella en su apartada casita.

Había llegado al pueblo cinco veces en cuatro años con trabajo de parto en su destartalada camioneta.

Había tenido niños deformes, horribles mutaciones que sobrevivieron seis horas.

Con la desaparición de un neonato del hospital y el deceso de la curandera (que, según habladurías consultaba cada tanto) apuñalada con saña, debía interrogar a Estrella

para saber si podía aportar algún dato en la investigación de ambos casos.

Cuando llegó a la vivienda, recordó que le habían comentado que el esposo era camionero, y que no estaba casi nunca. Las malas lenguas decían que tenía otra familia por ahí.

Al llegar a la propiedad, se le heló la sangre.

De un árbol seco, colgaban siniestramente pedazos de un bebé, rodeado de un enjambre de moscas.

Sacó, horrorizado su arma.

-¿Señora? Soy el comisario. ¿Puedo pasar?

Sin esperar respuesta, ingresó.

Encontró a Estrella en el dormitorio.

Estaba semidesnuda, copulando sobre un cadáver momificado.

Lo miró y le dijo:

-Disculpe, ya me visto y le atiendo.

Lo hizo, apáticamente, mientras Gutiérrez le apuntaba con el arma.

La cama estaba dentro de una estrella de cinco puntas, con cirios negros encendidos en cada una de ellas.

Observó el cuerpo momificado, que ostentaba una obscena y ostensible erección.

-¿Me quiere explicar qué significa esta abominación?

-Todos me engañaron. Mi esposo, con otra mujer a la que le dio los hijos que a mí me negó. La curandera, con el conjuro para quedar embarazada…

La maté, como al desgraciado, y conseguí los libros donde encontré la información para parir niñitos normales…

La mujer a quien le saqué el niño puede tener otros. Necesitaba su alma para que habite el cuerpo de mi hijo cuando conciba nuevamente.

 Esta vez será un bebé normal...

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