miércoles, 11 de marzo de 2020

SELENE


Selene



El juez estaba feliz. Su proveedor le había conseguido una joyita en la villa miseria más pobre de la ciudad. Tuvo anteriormente grandes satisfacciones de ese moridero de parias.

Su contacto había acordado un precio con la madre y la pareja de ésta. Se la proporcionaron con la condición de que le dejaran llevar su muñeca.

Estaba muy excitado, esperando verla con el vestido de lazos, medias con puntilla y zapatitos de charol.

Selene entró, cortándole la respiración con su belleza de once años, sin que la ropa anticuada disimulara su incipiente desarrollo.

No lloró. Todas lo hacían. Y él las ¨consolaba¨. No importaba.

-Ven, preciosa. Siéntate en la falda del tío…

Aferrada a su enorme muñeca, obedeció, con el semblante sereno.

Le acarició las piernas.

-¿Te gusta mi casa, bonita?

-Me llamo Selene.

No le agradaba que tuvieran nombres. Ni que no le temieran. Pero era una cría hermosa… Siguió con su ascenso bajo la falda.

-Si te portas bien, el tío te hará unos regalitos que te encantarán…

La mano había llegado a la cara interna de los muslos.

Ella soltó una risita

El juez, se disgustó. Sus dedos rozaban el borde de las bragas.

-¿Qué te hace gracia?

-No eres mi tío- dijo con voz gélida. Eres mi padre. Le hiciste mucho, mucho daño a mamá.

Antes que el hombre reaccionara, sacó un afilado cuchillo bajo la ropa de su muñeca, y le cercenó la garganta.

Observó al tipo desplomarse.

Abrió el ropero.

Como le habían dicho, encontró un falso fondo, con fotos de niñas desnudas y bastante dinero.

Envolvió todo en una prenda. Abrió la ventana. Bajó con agilidad hacia el jardín.

La esperaba su papá de crianza. Le tomó la mano. Marcharon hasta el destartalado coche, donde aguardaba, con la marcha encendida, su mamá…

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